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La tecnología da un paso más en el ámbito sociosanitario. La combinación de analítica de vídeo, inteligencia artificial y reconocimiento facial comienza a transformar la forma en la que las residencias de mayores gestionan la seguridad y la movilidad de las personas con deterioro cognitivo, apostando por modelos menos invasivos y más centrados en la autonomía personal.
La compañía Almas Industries está impulsando en España una nueva generación de sistemas inteligentes capaces de detectar situaciones de riesgo sin necesidad de pulseras, colgantes o dispositivos físicos visibles para los residentes. El objetivo: proteger sin hacer sentir vigilado.
El avance llega en un contexto marcado por el envejecimiento poblacional. Según la Sociedad Española de Neurología, entre 500.000 y 600.000 personas padecen actualmente demencia en España, una cifra que seguirá creciendo en las próximas décadas. Además, más del 75% de las personas que viven en residencias presenta algún grado de dependencia y una parte importante convive con problemas de orientación o enfermedades neurodegenerativas.
Hasta ahora, muchas residencias recurrían a sistemas físicos de localización para evitar salidas no autorizadas o situaciones de riesgo. Sin embargo, estos métodos presentaban importantes limitaciones: algunos usuarios olvidaban llevar los dispositivos, se los quitaban o los percibían como elementos de control que afectaban a su bienestar emocional.
La nueva tecnología basada en reconocimiento facial elimina esa barrera. El sistema funciona mediante cámaras instaladas en puntos estratégicos del centro —como accesos, salidas o zonas sensibles— capaces de identificar automáticamente a personas previamente registradas. Cuando alguien accede o se aproxima a una zona de riesgo, el sistema genera alertas en tiempo real para el personal del centro.
“Hoy podemos implantar un modelo de seguridad silencioso, discreto e invisible para las personas más vulnerables, que protege sin limitar su libertad de movimiento”, explica Nuño Azcona, CEO de Almas Industries.
La clave está en que la tecnología desaparezca a ojos del usuario. El residente recupera la sensación de normalidad y puede moverse con mayor tranquilidad dentro del centro, sin percibir una vigilancia constante ni sentirse señalado.
Además del impacto sobre los usuarios, estas soluciones también buscan aliviar la presión asistencial que afrontan muchas residencias. La monitorización automatizada permite optimizar la supervisión y mejorar la capacidad de reacción ante posibles incidencias, reduciendo la dependencia de controles manuales permanentes.
El sistema permite anticiparse a situaciones de riesgo antes de que se produzca un incidente, mejorando los tiempos de actuación y aumentando la protección de las personas más vulnerables sin alterar la dinámica habitual del centro.
Según destacan desde la compañía, este tipo de soluciones encaja en una tendencia internacional cada vez más consolidada. Países como Japón llevan años incorporando tecnologías inteligentes en residencias y centros sociosanitarios para favorecer un envejecimiento más seguro y autónomo.
La digitalización del sector asistencial avanza hacia modelos donde la tecnología se integra de forma discreta y prácticamente invisible. La prioridad ya no es solo evitar riesgos, sino hacerlo respetando la autonomía, la dignidad y la calidad de vida de las personas mayores.
Para Almas Industries, la llamada “seguridad invisible” marcará buena parte del futuro de las residencias: un modelo en el que proteger no significa controlar, sino acompañar de manera más humana, silenciosa y respetuosa.