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El envejecimiento celular se ha convertido en uno de los principales focos de la dermatología moderna. Lejos de limitarse a una cuestión estética, los especialistas abordan hoy este proceso desde una perspectiva más amplia, centrada en la prevención, la regeneración y la salud integral de la piel.
Así lo explica la Dra. Carmen Górriz, subdirectora de la unidad de medicina estética de IMR Dermatología, quien destaca que actuar sobre la biología celular permite no solo mejorar el aspecto de la piel, sino también reforzar su función y resistencia a largo plazo.
El envejecimiento celular es el proceso por el cual las células van perdiendo progresivamente su capacidad de regeneración y funcionamiento óptimo. Entre los principales mecanismos implicados se encuentran el estrés oxidativo, el acortamiento de los telómeros, la inflamación crónica y la disfunción mitocondrial.
Según la especialista, este fenómeno no afecta únicamente a la piel, sino que forma parte de un proceso sistémico que impacta en todo el organismo, siendo la piel uno de sus principales reflejos visibles.
La pérdida de colágeno, elastina y capacidad antioxidante comienza de forma gradual entre los 25 y 30 años, momento a partir del cual el envejecimiento se vuelve progresivo y acumulativo.
La Dra. Górriz señala que gran parte del deterioro celular está relacionado con el llamado exposoma, es decir, el conjunto de factores ambientales y hábitos de vida que influyen sobre la salud cutánea.
Entre ellos destacan la radiación ultravioleta, la contaminación, el estrés crónico, la falta de sueño, el sedentarismo o una alimentación inadecuada. También advierte del impacto que puede tener el uso incorrecto de determinados productos cosméticos, capaces de alterar la barrera cutánea y favorecer procesos inflamatorios.
La tendencia actual en dermatología apuesta por un enfoque multimodal que combine distintas técnicas para actuar sobre la función de la piel y no solo sobre los signos visibles del envejecimiento.
Entre los tratamientos más utilizados destacan la bioestimulación con polinucleótidos, los neuromoduladores, los rellenos con ácido hialurónico y diversas terapias regenerativas.
A ello se suman tecnologías basadas en energía, como la radiofrecuencia, los ultrasonidos focalizados, el láser, la luz pulsada intensa o el microneedling con radiofrecuencia, que permiten estimular la producción de colágeno y mejorar la calidad del tejido cutáneo.
“El objetivo no es transformar el rostro, sino optimizar la calidad de la piel, reforzar su función barrera y mejorar su capacidad de respuesta”, explica la especialista.
Aunque estos tratamientos se asociaban tradicionalmente a pacientes de mayor edad, cada vez son más las personas jóvenes que recurren a ellos con un enfoque preventivo.
Actualmente, el perfil más habitual se sitúa entre los 30 y 55 años, con pacientes que buscan mantener la calidad de la piel y retrasar el envejecimiento visible. En edades más avanzadas, el interés se centra principalmente en mejorar la textura, la luminosidad y la funcionalidad cutánea sin modificar rasgos o volúmenes.
Los especialistas destacan que los efectos de estos tratamientos aparecen de manera gradual. En el caso de la bioestimulación, las primeras mejoras suelen apreciarse entre las tres y seis semanas, evolucionando progresivamente durante los meses siguientes.
La tendencia actual en dermatología regenerativa apuesta así por resultados más naturales, sostenibles y personalizados, con el objetivo de mejorar la salud y resiliencia de la piel a largo plazo.