8 de mayo, 2026
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La insuficiencia cardiaca se ha consolidado como una de las principales causas de hospitalización en España y un reto creciente para el sistema sanitario, con cerca de 80.000 ingresos anuales y una prevalencia en aumento asociada al envejecimiento de la población. 

En conjunto, se estima que alrededor de 800.000 personas conviven con esta enfermedad, cuya carga asistencial y socioeconómica no deja de crecer.

El próximo 9 de mayo se celebra el Día Mundial de la Insuficiencia Cardiaca, una fecha destinada a visibilizar la realidad de quienes conviven con esta enfermedad, cuya prevalencia aumenta de forma clara con la edad y en paralelo al envejecimiento de la población.

Una enfermedad ligada al envejecimiento

La insuficiencia cardiaca afecta al 2,7% de la población mayor de 45 años y alcanza al 8,8% de los mayores de 74. En este grupo, además, se concentra la mayor carga asistencial: la enfermedad es ya la principal causa de hospitalización en mayores de 65 años, lo que refleja su fuerte relación con el envejecimiento poblacional.

De entre los pacientes, aproximadamente la mitad presenta insuficiencia cardiaca con fracción de eyección reducida, cuando el corazón bombea menos del 40% de la sangre que recibe, una de las formas más complejas de la patología.

Hospitalizaciones y reingresos: el gran reto asistencial

La evolución de la insuficiencia cardiaca está estrechamente vinculada a los episodios de hospitalización. Se estima que alrededor del 50% de los pacientes ingresa en el primer año tras el diagnóstico, y que los reingresos pueden alcanzar hasta el 80% en un plazo de cinco años.

Esta alta recurrencia convierte a la insuficiencia cardiaca en una de las patologías con mayor carga para el sistema sanitario, tanto en términos asistenciales como económicos. Actualmente, se estima que representa alrededor del 3,8% del gasto sanitario del Sistema Nacional de Salud, impulsado principalmente por la atención hospitalaria y el seguimiento continuo de los pacientes.

Impacto en la calidad de vida y en el entorno del paciente

Más allá de las cifras, la insuficiencia cardiaca tiene un fuerte impacto en la vida diaria de los pacientes. La enfermedad limita la actividad física, condiciona la autonomía y afecta de forma notable al bienestar emocional.

De hecho, el 80% de las personas con insuficiencia cardiaca afirma que la hospitalización ha tenido un impacto emocional relevante. A ello se suma la carga que recae sobre los cuidadores, que en muchos casos experimentan situaciones de sobrecarga física y psicológica.

Un reto sanitario en aumento

El aumento de la esperanza de vida y el envejecimiento progresivo de la población explican en gran parte el crecimiento de la prevalencia de esta enfermedad. En este contexto, la insuficiencia cardiaca se posiciona como uno de los grandes desafíos para la sostenibilidad del sistema sanitario, tanto por su impacto clínico como por su elevada recurrencia y coste asociado.

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