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La disfagia, una alteración de la deglución que a menudo pasa desapercibida, afecta a más de dos millones de personas en España, aunque cerca del 90% sigue sin diagnosticar ni recibir la alimentación adaptada.
Frecuente en personas mayores o pacientes neurológicos, puede causar desnutrición, deshidratación o infecciones respiratorias por broncoaspiración, convirtiéndose en un creciente problema de salud pública. Ante ello, profesionales y entidades especializadas insisten en la detección precoz y el abordaje multidisciplinar, donde la formación, la tecnología y el papel de los cuidadores son claves para garantizar una alimentación segura y preservar la calidad de vida.
La deglución es un acto tan cotidiano que su enorme complejidad pasa inadvertida hasta que deja de funcionar como debería. Detrás de este gesto automático se esconde una precisa coordinación neuromuscular entre la boca, la faringe, la laringe y el esófago. Cuando este mecanismo falla aparece la disfagia, un trastorno que dificulta el paso seguro de alimentos, líquidos o incluso saliva.