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Un equipo de científicos de Estados Unidos ha descubierto que el gen APOE4, conocido por aumentar el riesgo de desarrollar Alzheimer, comienza a afectar la salud cerebral mucho antes de que aparezcan los primeros problemas de memoria. El hallazgo, publicado en Nature Aging, abre nuevas vías para la prevención temprana del Alzheimer.
La investigación, liderada por los científicos Yadong Huang y Misha Zilberter en el Gladstone Institutes, demuestra que las personas portadoras del gen APOE4 producen cantidades elevadas de la proteína Nell2. Este exceso provoca alteraciones en las neuronas, que se vuelven más pequeñas y muestran una actividad anormalmente alta, especialmente en el hipocampo, área clave para la memoria.
Uno de los aspectos más relevantes del estudio es que estos cambios se producen desde edades tempranas, incluso antes de cualquier síntoma clínico. Los experimentos, realizados en modelos animales modificados genéticamente, mostraron que la hiperactividad neuronal en etapas juveniles se asocia con un peor rendimiento cognitivo en la edad adulta.
Los investigadores identificaron que el origen del problema está directamente en las neuronas y no en otras células cerebrales como los astrocitos. Al reducir los niveles de Nell2 mediante técnicas de edición genética, lograron revertir tanto el tamaño como la actividad anómala de las neuronas, incluso en cerebros adultos. Este resultado sugiere que el daño no es irreversible y que podría tratarse incluso en fases avanzadas.
El impacto de este descubrimiento es significativo, ya que entre el 60% y el 75% de las personas con Alzheimer portan el gen APOE4, y aproximadamente una de cada cuatro personas lo tiene sin saberlo. Comprender cómo actúa este factor genético permite avanzar hacia estrategias más eficaces de prevención y tratamiento.
Los autores del estudio consideran que intervenir sobre la proteína Nell2 podría convertirse en una vía prometedora para frenar o retrasar el desarrollo del Alzheimer. En este sentido, el trabajo marca un paso importante hacia un enfoque preventivo basado en la detección precoz de alteraciones cerebrales.
De cara al futuro, el equipo continuará investigando cómo trasladar estos resultados a humanos y desarrollar terapias que permitan actuar de forma temprana en personas con riesgo genético, con el objetivo de cambiar el curso de una de las enfermedades neurodegenerativas más extendidas en el mundo.