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El envejecimiento de la población está transformando no solo la estructura social, sino también la vida cotidiana de millones de familias.
Cada vez más hijos adultos conviven con una preocupación constante relacionada con el bienestar de sus padres mayores, una carga emocional silenciosa que impacta directamente en la conciliación, el descanso y el bienestar personal.
Según el informe “The Sandwich Generation: Caring for Oneself and Others at the Same Time” del Pew Research Center, alrededor del 60% de los adultos con padres mayores reconoce preocuparse habitualmente por su cuidado, especialmente cuando no conviven con ellos. Una llamada que no llega, un mensaje sin responder o la incertidumbre ante una posible emergencia forman parte de una tensión cotidiana cada vez más extendida.
Este fenómeno afecta especialmente a la conocida como “generación sándwich”, formada por personas que, en plena etapa laboral y familiar, deben compaginar el cuidado de hijos y padres mayores al mismo tiempo. En España, además, el modelo familiar refuerza este escenario: según Eurostat, cerca del 30% de las personas de entre 50 y 64 años presta algún tipo de cuidado a familiares.
Más allá de la atención física, muchas familias describen una sensación permanente de vigilancia y responsabilidad. Revisar constantemente el móvil, reorganizar horarios o no lograr desconectar completamente se ha convertido en una realidad habitual para miles de personas.
Desde Durcal, startup especializada en teleasistencia, señalan que buena parte del desgaste emocional no proviene únicamente del cuidado en sí, sino de la sensación constante de tener que estar pendientes.
“El problema no es solo cuidar, sino no poder desconectar. Cuando la preocupación se convierte en algo permanente, es cuando empieza a afectar de verdad al bienestar de las familias”, explican desde la compañía.
En este contexto, cada vez más familias recurren a soluciones tecnológicas que permiten reducir parte de esa carga mental cotidiana. Herramientas que facilitan compartir información entre familiares, recibir alertas automáticas o contar con conexión inmediata con servicios de emergencia ayudan a disminuir la sensación de vigilancia constante.
La evolución demográfica apunta a que esta situación seguirá creciendo en los próximos años. Con una población cada vez más envejecida, el reto no será únicamente cuidar, sino encontrar fórmulas que permitan hacerlo sin que la preocupación termine convirtiéndose en una carga permanente para las familias.