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Ramón García, Director Comercial de Vayoil Textil, explica en este artículo cómo elementos aparentemente cotidianos como las sábanas, las toallas, los protectores de colchón o productos textiles adaptados, adquieren hoy en día una relevancia que durante mucho tiempo pasó desapercibida.
En una habitación de residencia casi todo responde a un protocolo: la temperatura se regula, la medicación se administra a horas precisas y las rutinas marcan el ritmo de la jornada. Pero hay un elemento silencioso que, noche tras noche, influye de forma directa en el descanso, la salud y el bienestar de los mayores: los textiles.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva años advirtiendo que el envejecimiento saludable no depende únicamente de la ausencia de enfermedad, sino también del entorno físico y emocional en el que viven las personas. El modelo asistencial evoluciona hacia una atención centrada en la persona, donde el objetivo ya no es solo prolongar la vida, sino garantizar que esos años transcurran con calidad y dignidad.
En ese cambio de enfoque, elementos aparentemente cotidianos como las sábanas, las toallas, los protectores de colchón o los productos textiles adaptados adquieren una relevancia que durante mucho tiempo pasó desapercibida. Sin embargo, en la actualidad, en el ámbito geriátrico el textil se ha convertido en una auténtica herramienta de cuidado.
En las personas mayores, especialmente cuando están presentes factores como la fragilidad, la inmovilidad o patologías crónicas, la piel se vuelve progresivamente más fina debido a la pérdida de colágeno, elastina y tejido graso, un proceso conocido como atrofia cutánea.
En este contexto, la piel puede llegar a ser hasta un 30% más delgada que la de un adulto joven, presentando además mayor sequedad y vulnerabilidad, lo que la hace especialmente sensible al contacto, la presión o la fricción constante.