22 de enero, 2021 Entrevistas comentarios Bookmark and Share
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Entrevista al Dr. Amos García Rojas, presidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV).

El Dr. Amos García Rojas es una eminencia en las áreas de epidemiología y vacunas, no en vano lleva más de 30 años dedicado a este ámbito. Se licenció en Medicina y Cirugía por la Universidad de Sevilla y tiene otros títulos como un Máster en Economía de la Salud y Gestión Sanitaria (Universidad de Las Palmas), Especialista Universitario en Vacunas (Universidad Complutense de Madrid), Diplomado en Dirección de Hospitales - Dirección Médica (Escuela Nacional de Sanidad) y Diplomado en Sanidad por la misma escuela. En la actualidad, García Rojas es Jefe de Sección de Epidemiología y Prevención del Servicio de Epidemiología y Prevención de la Dirección General de Salud Pública.

Este ciéntifico es autor de varios artículos publicados en revistas científicas de ámbito internacional y nacional, así como varios capítulos en libros referidos a salud pública. También ha dado múltiples ponencias y comunicaciones en diferentes congresos, así como varios centenares de horas como docente de materias de vacunas y epidemiología.

La Asociación Española de Vacunología, que preside desde noviembre de 2013, es una sociedad cientifica multidisciplinar compuesta por farmacéuticos, médicos, preventivistas, pediatras, epidemiologos, enfermeros, y hasta biólogos, porque pocas actividades tienen un carácter tan multidisciplinar como las relacionadas con las vacunas. Se formó hace más de 20 años, y sus objetivos, como sociedad científica sin ánimo de lucro, son tratar de todo lo relacionado con la vacunología, abordarla desde un punto de vista científico, propiciando puntos de encuentro entre profesionales de estas ramas sanitarias, intentando consolidar el conocimiento de los profesionales sanitarios sobre esta rama.

¿Qué importancia tienen las vacunas en la sociedad actual?

Si cerramos los ojos y vemos de qué moría la gente al principio del siglo XX, y los abrimos de repente y vemos de qué enfermedades mueren a principios del siglo XXI, se ha producido un cambio espectacular. A principios del siglo XX enfermaban y morían de problemas transmisibles, y ahora,  enferman y mueren por problemas de tipo crónico y degenerativos, derivados de manera importante del estilo de vida que tenemos.
En ese cambio portentoso en la forma de enfermar y morir, las vacunas han tenido un papel clave, y junto a los antibióticos y el abastecimiento de agua potable han sido los tres grandes elementos que han posibilitado este cambio en el patrón epidemiológico del comportamiento de las enfermedades en los países desarrollados, aunque desgraciadamente no ha sido así en los países en vías de desarrollo, donde las patologías transmisibles siguen teniendo un impacto tremendo.

En los últimos años han surgido movimientos antivacunas. ¿Qué opina y por qué cree que han surgido?

Son muy marginales en nuestro país. Hay algunos elementos que pueden estar condicionando el que haya personas reticentes a la vacunación. En primer lugar, puede haber padres y madres que tengan dudas, por qué voy a ponerle un producto biológico a mi hijo frente a una enfermedad que ya no se ve; tenemos que comprender esas dudas y empatizar con esos padres para hacerles ver que el que hoy no veamos ese tipo de patologías, no significa, en absoluto, que no podamos volver a verlas, y menos en un mundo globalizado. Por lo tanto, deben estar atentos a la necesidad de cumplir los calendarios vacunales de sus hijos.

Hay otros padres y madres que no es que no quieran vacunar a sus hijos, es que no pueden, porque forman parte de núcleos de marginalidad en determinados países, y tienen dificultades de acceso al sistema sanitario.

Hay también niños que no se pueden vacunar porque tienen contraindicaciones puntuales o permanentes en determinadas vacunas; y luego hay padres y madres que, en un supuesto retorno a la vida natural, en un supuesto ejercicio pseudo ideológico, deciden no vacunar a sus hijos porque entienden que las vacunas las carga el diablo. Con estos padres es más difícil llegara  empatizar o tener un discurso razonable con ellos… Lo que yo siempre trato de exponerles es que lo que sí parece poco natural es que mi hijo tenga una enfermedad del siglo XX, verle sufrir por no haberlo protegido con una vacuna, lo que parece poco natural es que, por esa misma línea argumental, deberíamos estar bebiendo agua sin potabilizar o bebiendo leche cruda y no pasteurizada. Por lo tanto, lo que es auténticamente natural es aplicar algo tan poderoso como el conocimiento científico y las habilidades científicas. Por eso, lo más poderoso que podemos hacer es vacunar a nuestros hijos, eso sí que es moderno y natural. Esos son, más o menos, los cuatro elementos que están configurando una cierta reticencia en algunos países a la vacunación.

En este momento, las vacunas anti COVID-19 más avanzadas son las de Moderna y Pfizer/BioNTech. ¿Qué nos puede decir de estas vacunas?

La de Pfizer ya está autorizada por la FDA (Food and Drug Administration) y se está administrando en Estados Unidos, en Canadá y en el Reino Unido. La Agencia Europea del Medicamento se va a reunir el 21 de diciembre para decidir la autorización, que se da por segura, en los países de la Unión Europea.

Por su parte, la de Moderna, va también adelantada pero no al mismo ritmo que la de Pfizer, y vendrá un poco más tarde.

Hay otras dos vacunas, la china y la rusa, que han empezado a administrarse en los ciudadanos de sus países. ¿Qué opina de estas dos vacunas?

La vacuna rusa no ha completado la fase 3 de ensayo clínico y se ha empezado a administrar; yo esperaría a que antes de administrarla, cumplan todas las fases de ensayo clínico. De la vacuna china no hay mucha información publicada y poco puedo decir.

También España esta desarrollando una vacuna anti COVID-19. ¿Qué nos puede decir de esta vacuna del CSIC?

Esta vacuna pinta muy bien, pero no va a estar disponible a corto plazo por dos cuestiones: una, el proceso tecnológico que han seguido es algo más complejo y la otra cuestión es obvia: en España, investigar es llorar. La capacidad de investigación y desarrollo de productos resultantes de esa investigación en nuestro país está mucho más limitada que la de otros países europeos porque la financiación de la investigación es muy baja y esto es un drama. Esta vacuna sí estará disponible en el futuro pero le queda tiempo. El desarrollo de esta vacuna depende de la fortaleza financiera que se le pueda dar.

¿Puede afectar al desarrollo de esta vacuna el hecho de que los medios económicos se destinen a otros aspectos?

Es que si esperamos a que salga nuestra vacuna el número de muertos que va a haber va a ser insoportable, entonces, hay que usar la primera vacuna autorizada que llegue porque no podemos seguir soportando el número de muertos, la tensión hospitalaria que ejerce esta enfermedad, lo que queremos es parar la pandemia de una vez. Y la vacuna española ya llegará en su momento.

Las vacunas anti COVID-19 son un auténtico hito, ya que los plazos habituales para desarrollar una vacuna se han acortado sobremanera.

Efectivamente es un hito científico fruto de tres circunstancias. En primer lugar, ya había una base sobre la vacuna por ARN mensajero previa, de cuando el SARS y el MERS ya se empezó a trabajar y se ha avanzado más rápido en las fases iniciales de los ensayos clínicos de las vacunas de Pfizer y Moderna.
En segundo lugar, todo el esfuerzo investigador del mundo de las vacunas ha estado centrado en conseguir una vacuna frente a la COVID-19 y había una financiación muy potente por parte de la propia industria y por parte de los gobiernos. El tercer aspecto, muy importante, es que normalmente la evaluación de las vacunas se hace por fases, pero, en este caso y por la emergencia de salud pública mundial, la evaluación ha sido continua, de tal manera que se podían superponer fases. Se ha ido rápido pero seguro, cumpliendo escrupulosamente los pasos y las fases que tiene una vacuna en su desarrollo.

¿Qué diría a la población que afirma que no se vacunaría contra la COVID-19?

Yo le diría fundamentalmente lo siguiente: ¿Alguien en su sano juicio puede pensar que si una vacuna no fuera segura iba a ser autorizada por los órganos reguladores del medicamento que están constituidos por profesionales de muy alta y relevante solvencia científica? ¿Alquien puede pensar que eso sería un escenario posible? Pero es más, si no nos vacunamos con una vacuna que es segura, porque así lo han constatado los órganos reguladores del medicamento, ¿cuál es la alternativa? ¿Seguir con la pandemia? ¿Seguir con la tensión hospitalaria? ¿Seguir con los muertos? ¿Seguir con las estancias en UCI? Esa es la alternativa. Llevamos más de un millón y medio de muertos por esta enfermedad, y que se planteen dudas por la posibilidad de uno o dos efectos secundarios, que van a ser leves y escasos, frente al millón y medio de muertos…, creo que el balance es claro.

Como experto en el tema, ¿cuál sería el orden de vacunación de la población?

El que viene en el plan nacional de vacunación, ya que la asociación ha participado en ese plan del gobierno. Lógicamente, teniendo en cuenta que las vacunas van a venir poco a poco, lo que hay que hacer es ir priorizando, en función a parámetros fundamentales: vulnerabilidad de la persona y exposición al riesgo. Son los criterios básicos para la vacunación.

Además de la  COVID-19, estamos también en temporada de gripe. ¿Cómo ha ido la campaña de vacunación antigripe en este año tan anómalo?

Está funcionado como nunca. Todas las Comunidades Autónomas han superado las coberturas vacunales habituales. Se ha vacunado muchísima gente perteneciente a los grupos de riesgo que no se había vacunado nunca y yo creo que esto es indicativo de que el mensaje que se le trasladó a la población ha calado.

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