9 de abril, 2026
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Aunque el Párkinson se asocia tradicionalmente a síntomas motores como temblor o rigidez, es una enfermedad neurodegenerativa compleja cuyo diagnóstico temprano sigue siendo un desafío. Afecta a más de 10 millones de personas en todo el mundo y, en sus fases iniciales, puede presentarse con signos sutiles y poco específicos.

El diagnóstico se basa principalmente en la evaluación clínica, pero los signos tempranos pueden pasar desapercibidos o confundirse con otras patologías, retrasando el tratamiento y complicando la toma de decisiones.

En este contexto, la Medicina Nuclear y las técnicas de neuroimagen funcional juegan un papel complementario cada vez más relevante. “El diagnóstico clínico sigue siendo fundamental, pero las técnicas de Medicina Nuclear permiten detectar alteraciones cerebrales de manera precoz y confirmar el diagnóstico cuando hay dudas”, explica la Dra. María Nieves Cabrera Martín, presidenta del grupo de trabajo de Neuroimagen de la Sociedad Española de Medicina Nuclear e Imagen Molecular (SEMNIM). “Aportan información objetiva sobre la afectación del sistema dopaminérgico”, añade.

La imagen funcional: ir más allá de los síntomas clínicos

Los síntomas del Párkinson son variados y no siempre se manifiestan de forma típica. Además de los signos motores clásicos —temblor en reposo, bradicinesia, rigidez y problemas posturales—, la enfermedad puede presentar síntomas no motores, como trastornos del sueño, alteraciones cognitivas o cambios emocionales, que a veces preceden a los síntomas motores.

Existen otras enfermedades neurológicas con manifestaciones similares. Trastornos como temblor esencial, temblor inducido por fármacos o parkinsonismos atípicos (atrofia multisistémica, parálisis supranuclear progresiva o degeneración corticobasal) pueden confundirse con el Párkinson en fases tempranas.

Más allá de la clínica, el Párkinson se caracteriza por la pérdida de neuronas dopaminérgicas en la sustancia negra, provocando un déficit de dopamina, esencial para la función motora. Las técnicas de Medicina Nuclear detectan esta alteración mediante estudios SPECT y PET, evaluando de manera objetiva el funcionamiento dopaminérgico y el metabolismo cerebral, y respaldando el diagnóstico cuando los síntomas no son concluyentes.

“La imagen funcional permite diferenciar el Párkinson de otros trastornos con síntomas similares, como el temblor esencial o farmacológico, que no presentan alteración dopaminérgica”, afirma la Dra. Valle Camacho Martí, adjunta sénior del Servicio de Medicina Nuclear de Sant Pau, Barcelona.

En el diagnóstico diferencial de los parkinsonismos atípicos, la PET con ¹⁸F-FDG identifica patrones específicos de hipometabolismo cerebral característicos de cada patología. “La Medicina Nuclear, especialmente la PET con ¹⁸F-FDG, permite distinguir el Párkinson de otros parkinsonismos atípicos”, añade la Dra. Cabrera.

Esta capacidad diagnóstica mejora el pronóstico, orienta el tratamiento y evita terapias innecesarias. “Gracias a la neuroimagen, podemos ir más allá del síntoma y comprender la enfermedad subyacente. En el parkinsonismo, la Medicina Nuclear alcanza un 90% de precisión y cambia el manejo clínico en la mayoría de los casos, impactando directamente en la calidad de vida”, concluye la Dra. Camacho.

Más allá del diagnóstico: seguimiento y medicina personalizada

La Medicina Nuclear también es clave para evaluar la evolución del Párkinson, monitorizando la progresión de la enfermedad, la respuesta al tratamiento y los cambios clínicos. “No solo nos ayudan a diagnosticar, sino a entender cómo evoluciona la enfermedad, facilitando una medicina personalizada”, añade la Dra. Cabrera.

Hacia un diagnóstico molecular de enfermedades neurológicas

El uso de la neuroimagen no se limita al Párkinson. También se aplica en Alzheimer, demencia frontotemporal, enfermedades cerebrovasculares o epilepsia, identificando patrones específicos que facilitan el diagnóstico y la toma de decisiones clínicas.

El desarrollo de nuevos radiofármacos permite un avance hacia el diagnóstico molecular, visualizando procesos patológicos específicos como la agregación de proteínas en el cerebro. Estos trazadores permiten una identificación más precisa de distintas patologías y la estratificación de pacientes según los mecanismos biológicos de su enfermedad, avanzando hacia una medicina más personalizada.

Gracias a estos avances, la Medicina Nuclear se consolida como una herramienta estratégica para comprender los mecanismos de las enfermedades neurológicas, mejorar los diagnósticos y optimizar los tratamientos. “Cada imagen aporta una pieza clave para entender la enfermedad y mejorar su evolución”, concluyen las expertas.

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