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La verdadera calidad de vida en la tercera edad no se mide por la ausencia de enfermedades, sino por la capacidad de mantener la autonomía y valerse por uno mismo.
Según los expertos de la Universidad Europea, Alejandro Lucía, catedrático en Fisiología del Ejercicio, y Álvaro Bustamante, profesor titular de Ciencias del Deporte, este objetivo depende principalmente de hábitos sencillos como el movimiento diario y una hidratación adecuada, más que de tratamientos complejos.
El Dr. Lucía explica que mantener la capacidad intrínseca, la suma de las funciones físicas y mentales, es clave para envejecer con independencia. “Se trata de ser lo más independiente posible hasta el final de nuestros días”, afirma. Para ello, el movimiento diario es un recurso accesible y potente: acciones cotidianas como subir escaleras, caminar a la compra o realizar tareas domésticas aportan un plus de actividad física que complementa el ejercicio programado.
El ejercicio de fuerza cobra especial relevancia con la edad. “A partir de los 50 o 60 años en hombres, y desde la menopausia en mujeres, el trabajo de fuerza es fundamental para prevenir la sarcopenia, la pérdida de masa muscular y fuerza”, indica Lucía. La buena noticia es que mantener la fuerza muscular es relativamente sencillo con constancia y ejercicios adaptados.
Junto al movimiento, la hidratación es esencial para conservar la capacidad física, la función cognitiva y la termorregulación. Según Bustamante, una pérdida de apenas el 2% de la masa corporal en líquidos puede afectar negativamente al rendimiento, la fuerza, el tiempo de reacción y el estado de ánimo.
Entre los signos de deshidratación más comunes se encuentran fatiga precoz, sequedad de boca, mareos y calambres musculares, mientras que el color oscuro de la orina es un indicador visual fácil de detectar. Bustamante recomienda agua como base, complementada con bebidas con electrolitos si se realiza actividad física intensa o se está en ambientes calurosos, y subraya la importancia de consultar a profesionales cualificados para un análisis individualizado.
En definitiva, los especialistas coinciden en que la inversión más rentable para la salud futura reside en la constancia y la suma de pequeños gestos. Mantenerse activo durante todo el día y atender a las señales de hidratación del cuerpo son hábitos accesibles que marcan la diferencia, garantizando una vida más larga, saludable y autónoma en la tercera edad.