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El deterioro cognitivo leve suele confundirse con el envejecimiento normal y, por ello, muchos casos no se diagnostican. Detectarlo a tiempo permite intervenir y preservar la autonomía durante más tiempo.
¿Qué entendemos exactamente por deterioro cognitivo y cuándo deja de considerarse “envejecimiento normal”?
El deterioro cognitivo se refiere a una condición intermedia entre el envejecimiento cognitivo normal y la demencia, caracterizada por la alteración de una o varias funciones cognitivas (como la memoria, la atención o el lenguaje) que es mayor de lo esperado para la edad de la persona, pero sin afectar de forma significativa la capacidad para realizar actividades de la vida diaria ni cumplir criterios clínicos de demencia.
¿Por qué muchos casos no llegan a diagnosticarse?
En muchas ocasiones los síntomas se atribuyen erróneamente al “envejecimiento normal”, a lo que se suma la idea de que cualquier problema de memoria acaba necesariamente en demencia, provocando miedo o, en algunos casos, que se reste importancia a los síntomas y no se consulte a tiempo, lo que explica que entre un 30–50% de los casos no sean identificados.
¿Qué riesgos implica no detectar a tiempo un deterioro cognitivo?
No detectarlo precozmente implica perder una ventana clave de actuación en una fase en la que todavía es posible intervenir sobre factores modificables, como la estimulación cognitiva, el riesgo cardiovascular, el sedentarismo, la alimentación, el sueño o el aislamiento social, que pueden influir de manera significativa en la evolución.
Además, cuando no se detecta a tiempo se retrasa el seguimiento clínico, la planificación anticipada y el apoyo psicosocial, aumentando el riesgo de progresión no controlada hacia demencia en aquellas personas con mayor vulnerabilidad y reduciendo las oportunidades de mantener la autonomía y la calidad de vida durante más tiempo.