16 de marzo, 2015 Equipamiento comentarios Bookmark and Share
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La accesibilidad y la supresión de barreras arquitectónicas es un asunto cada vez más tenido en cuenta tanto por arquitectos como por otros profesionales, organismos oficiales y autoridades, que con sus actuaciones contribuyen a dar respuesta a una demanda social cada vez más creciente y necesaria de igualación de oportunidades para toda la población, tanto en la accesibilidad, como en los transportes, el mobiliario urbano, las telecomunicaciones, etc.

En lo concerniente a la arquitectura y al urbanismo estamos ya acostumbrados a ver cada vez más actuaciones para crear un entorno físico libre de barreras que nos permita a todos vivir la vida de manera autónoma, especialmente a los colectivos más afectados, las personas mayores o con algún tipo de discapacidad. Pero la accesibilidad es algo que nos afecta a todos, ya que todos somos, aunque solo sea parcial y temporalmente, personas con movilidad reducida en determinadas situaciones concretas, aún cuando seamos jóvenes y no padezcamos ninguna situación de discapacidad, como por ejemplo, cuando llevamos las manos ocupadas portando las bolsas de la compra, empujando un carrito de bebé, por una incapacidad temporal debido a una lesión, etc., entonces comprendemos claramente que el sector de la población del que estamos hablando es un sector absolutamente importante.

Aceptado todo esto, y aceptando también los esfuerzos y avances realizados por autoridades, organismos, y técnicos en el desarrollo e implantación de sistemas de eliminación de barreras, y en la creación de nuevos entornos libres de ellas, no tenemos más que decir desde este punto, que en el ámbito del urbanismo y la arquitectura quedan cosas por hacer.

Actualmente es habitual ver actuaciones sobre bordillos, desniveles, escaleras, rampas, etc., pero una vez salvados estos los obstáculos, que nos permiten llegar a la misma fachada de un edificio, es aún muy común encontrarnos la barrera más infranqueable: la puerta manual, que para mayor complicación es batiente, y cumpliendo la normativa de evacuación abre hacia afuera, incrementando la dificultad de acceso y obligando al usuario a tirar de ella retrocediendo lo andado. Y normalmente cuando hablamos de accesos, pensamos en las puertas de acceso a los edificios, pero ¿qué es lo que ocurre con las puertas interiores?

Pensemos por ejemplo en un hospital, o en una residencia de mayores. Es bastante usual encontrar puertas automáticas en las entradas, que generalmente son usadas en la mayoría de los casos, en términos porcentuales, por las visitas, que generalmente no tienen problemas de movilidad. Sin embargo los grandes desplazamientos de tráfico de personas con problemas y dificultades de movilidad -ya sean enfermos, ancianos, o el mismo personal del centro empujando camillas, sillas de ruedas, bandejas o carritos etc.-, se realizan en el interior del edificio, a través de multitud de puertas que no se encuentran automatizadas.

Esta circunstancia se traduce en puertas que para facilitar los desplazamientos se encuentran siempre abiertas, mediante una cuña u otros sistemas de retención, lo que perjudica a la separación de ambientes, dificulta la climatización y el aislamiento acústico, etc., o bien de estar cerradas se abren por medio de golpes, empujones y patadas lo que redunda en problemas de mantenimiento de material dañado, imagen inadecuada, y dificultad en los desplazamientos de las personas con problemas de movilidad, etc.

La solución a estos problemas pasa por la automatización de las puertas interiores, principalmente en los accesos principales y en aquellos circuitos donde se concentra de forma más específica el tráfico intenso y de personas con dificultades de movilidad.

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