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La sociedad científica propone adaptar el Sistema Nacional de Salud a una población cada vez más envejecida, con un modelo asistencial centrado en la prevención, la continuidad y la atención integral.
Su análisis revela que las consultas ordinarias de Medicina Familiar y Comunitaria aumentaron un 243,5 % entre 2007 y 2025, mientras que la población española creció un 9,7 %.
La Sociedad Española de Medicina de Familia y Comunitaria (semFYC) ha reclamado a las Administraciones sanitarias una transformación del Sistema Nacional de Salud (SNS) para anticiparse a las consecuencias demográficas y asistenciales de la longevidad. La entidad considera necesario avanzar hacia un modelo que no se limite a responder a episodios agudos, sino que priorice la promoción de la salud, la prevención, la autonomía y el acompañamiento continuado de las personas.
«Hemos ganado años. Ahora tenemos que ganar salud», ha señalado Remedios Martín, presidenta de la semFYC, durante la presentación de este análisis en el marco de un congreso que reúne en Las Palmas de Gran Canaria a más de 2.000 especialistas en Medicina Familiar y Comunitaria de todo el país.
La sociedad científica defiende que el envejecimiento de la población debe abordarse sin convertir la longevidad en un problema ni medicalizar el proceso de envejecer. Para ello, considera fundamental preparar los entornos sanitarios y a la ciudadanía mediante la alfabetización en salud y la promoción de hábitos de vida saludables, de forma que los años ganados se traduzcan también en más años de vida saludable.
El análisis de actividad asistencial elaborado por la semFYC a partir de datos del Ministerio de Sanidad y del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestra el alcance de los cambios experimentados por el sistema sanitario.
Entre 2007 y 2025, las consultas ordinarias de Medicina Familiar y Comunitaria registradas en el Servicio de Información de Atención Primaria (SIAP) pasaron de 63,6 millones a 218,5 millones, lo que supone un incremento del 243,5 %. Durante ese mismo periodo, la población residente en España aumentó un 9,7 %.
Esta diferencia evidencia que el crecimiento de la actividad asistencial no puede explicarse únicamente por el aumento de habitantes. También intervienen otros factores, como los cambios en los patrones de utilización, la organización de los servicios, la cobertura y los sistemas de registro.
El estudio señala, además, que las consultas por cada 1.000 habitantes aumentaron entre 2007 y 2025 en todos los grupos quinquenales de edad, aunque con distinta intensidad. Los grupos de población de mayor edad mantienen los niveles más elevados de actividad por habitante.
«Esta evolución refuerza la necesidad de analizar conjuntamente los datos demográficos y las necesidades de salud de la ciudadanía: la utilización de los servicios sanitarios es una realidad multifactorial», ha explicado Remedios Martín.
Las proyecciones demográficas añaden nuevas exigencias a la planificación sanitaria. Según el escenario del INE utilizado por la semFYC, la población española de 80 o más años crecerá un 71,5 % entre 2025 y 2045, hasta superar los 5,1 millones de personas.
El análisis plantea también un escenario condicionado a que se mantengan las tasas de consultas por edad observadas en 2025. Bajo esta hipótesis, el volumen de consultas ordinarias correspondiente a este grupo podría pasar de 30,5 millones a 52,6 millones, aproximadamente un 72 % más. En la población de entre 60 y 79 años, el incremento estimado sería del 37,1 %, hasta alcanzar alrededor de 94 millones de consultas.
La semFYC precisa que estas cifras no constituyen una predicción de la demanda futura ni una estimación directa de las plantillas necesarias. Se trata de un ejercicio que permite visualizar el posible efecto de la evolución demográfica si se mantuvieran las pautas de utilización actuales.
Para planificar los recursos, la entidad considera necesario incorporar información sobre morbilidad, multimorbilidad, fragilidad, autonomía, necesidades de cuidados y determinantes sociales. «La planificación de Atención Primaria debe responder a las necesidades reales de las personas, no únicamente a las cifras de población o al volumen histórico de actividad», ha subrayado la presidenta de la sociedad.
La transformación que propone la semFYC va más allá de incrementar los recursos para atender un mayor volumen de consultas. La entidad defiende una reorganización que permita anticiparse a las necesidades de salud, identificar a las personas con mayor complejidad y garantizar una atención integral, coordinada y continuada.
Para ello, reclama actualizar la información disponible sobre el estado de salud de la población. La Encuesta Europea de Salud en España de 2020 reflejaba que el 70,91 % de las personas de 85 o más años había sufrido dolor físico durante las cuatro semanas anteriores a la encuesta. Asimismo, el 19,46 % de las personas de 65 o más años no institucionalizadas presentaba dificultades para realizar al menos una actividad básica de la vida diaria.
La sociedad científica recuerda que estos datos corresponden a 2020 y no representan una fotografía actualizada de la situación en 2026. Por este motivo, propone actualizar la encuesta y establecer una publicación periódica de indicadores sobre cronicidad, multimorbilidad, limitaciones funcionales y años de vida saludable.
Otro de los ámbitos de actuación es la aplicación efectiva de herramientas de estratificación poblacional, como los Grupos de Morbilidad Ajustados (GMA). Según la semFYC, identificar los distintos niveles de complejidad debe servir para adaptar los planes de cuidados, la intensidad del seguimiento y los recursos disponibles.
La edad, por sí sola, no determina las necesidades de una persona. Dentro de un mismo grupo de edad pueden convivir situaciones de plena autonomía con otras de multimorbilidad, fragilidad o necesidad de apoyos intensivos.
Para la semFYC, la Medicina Familiar y Comunitaria y los equipos de Atención Primaria deben ocupar una posición central en la respuesta a una sociedad más longeva. Su capacidad para acompañar a las personas a lo largo del tiempo, conocer su contexto familiar y comunitario, anticipar problemas de salud y coordinar las intervenciones de distintos ámbitos asistenciales los convierte en una pieza fundamental del modelo.
La continuidad asistencial implica mantener una relación estable con los profesionales y equipos de referencia, conocer la trayectoria clínica de cada paciente y coordinar las distintas intervenciones sanitarias y sociales que necesita. Esta cuestión adquiere especial relevancia en personas con multimorbilidad, tratamientos complejos, fragilidad o necesidades de cuidados prolongados.
«La Atención Primaria en ocasiones no puede resolver todos los problemas y precisa de corresponsabilidad con otros ámbitos y profesionales. Eso sí, la AP debe coordinar y asegurar la continuidad asistencial», ha señalado Remedios Martín, quien también ha defendido que este principio debe contar con recursos y capacidad organizativa para hacerse efectivo.
La entidad reclama que esta garantía se extienda al medio rural y a las zonas de difícil cobertura. La dispersión geográfica y las diferencias territoriales, sostiene, no deben traducirse en una menor capacidad de respuesta. La planificación debe tener en cuenta las necesidades locales y garantizar la presencia y estabilidad de profesionales, así como la accesibilidad y la capacidad resolutiva de los servicios.
Ante este escenario, la semFYC insta al Ministerio de Sanidad y a las consejerías autonómicas a impulsar una agenda de actuación basada en cinco compromisos:
Actualizar los datos de salud de la población. Revisar la Encuesta Europea de Salud en España y publicar periódicamente indicadores sobre enfermedades crónicas, multimorbilidad, limitaciones funcionales y años de vida saludable.
Situar la continuidad asistencial en el centro del modelo. Reforzar Atención Primaria como eje del seguimiento longitudinal y de la coordinación entre profesionales, servicios sanitarios y recursos sociales, dotando a los equipos de capacidad y recursos suficientes.
Garantizar una Atención Primaria accesible y resolutiva en el medio rural. Desarrollar planes específicos que contemplen la dispersión territorial, las necesidades locales y las condiciones necesarias para asegurar la presencia y estabilidad de los profesionales.
Convertir la estratificación poblacional en atención efectiva. Realizar diagnósticos de salud poblacionales y aplicar herramientas como los GMA desde una perspectiva de equipo, vinculando la identificación de necesidades y niveles de complejidad a intervenciones, planes de cuidados y recursos concretos.
Medir resultados en salud y equidad, no solo actividad. Incorporar indicadores de años de vida saludable, autonomía funcional, continuidad asistencial, accesibilidad y equidad territorial, junto a los datos de consultas y procedimientos.
La sociedad científica considera que estas medidas deben traducirse en compromisos institucionales concretos, con cuadros de mando, plazos e indicadores de evaluación. El objetivo es que la adaptación del SNS a la longevidad no quede reducida a una declaración de intenciones, sino que se incorpore a las decisiones de planificación, organización y financiación sanitaria.