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El cirujano Alessandro Thione explica en qué consiste la anastomosis linfático-venosa cervical, una técnica todavía en investigación que conecta estructuras linfáticas del cuello con el sistema venoso para estudiar si es posible favorecer las vías de eliminación de sustancias procedentes del cerebro.
Durante mucho tiempo se consideró que el sistema nervioso central carecía de vasos linfáticos convencionales. Hoy sabemos que las meninges contienen vasos linfáticos y que existen distintas vías de intercambio y drenaje del líquido cefalorraquídeo y de solutos cerebrales, entre ellas las rutas perivasculares habitualmente englobadas bajo el concepto de sistema glinfático. Parte de este drenaje se comunica con el sistema linfático cervical.
Este conocimiento ha abierto una línea de investigación sorprendente: ¿sería posible utilizar la microcirugía para favorecer estas vías de drenaje en pacientes con Alzheimer?
«Estamos hablando de una técnica todavía experimental. Hay una base científica interesante y resultados preliminares que justifican seguir investigándola, pero claramente no podemos hablar de una cura para el Alzheimer ni garantizar un beneficio para el paciente», explica el Dr. Alessandro Thione, especialista en Cirugía Plástica, Reconstructiva y Estética y experto en microcirugía.
Entre las sustancias relacionadas con la enfermedad de Alzheimer se encuentran las proteínas beta-amiloide y tau. La investigación de los últimos años ha puesto el foco no solamente en su producción y acumulación, sino también en los mecanismos mediante los cuales el cerebro transporta y elimina diferentes sustancias y productos de desecho.
Parte de estas vías de drenaje se comunica con el sistema linfático cervical. Y es precisamente en el cuello donde entra en juego la microcirugía.
«La hipótesis es relativamente sencilla de explicar, aunque técnicamente la cirugía sea extremadamente compleja: dado que parte del drenaje de líquidos y solutos procedentes del sistema nervioso central alcanza las vías linfáticas cervicales, estamos investigando si modificar quirúrgicamente ese circuito puede favorecer su salida hacia la circulación venosa. Lo que todavía tenemos que demostrar es si esa modificación aumenta de forma relevante el aclaramiento de determinadas sustancias y, sobre todo, si puede traducirse realmente en un beneficio clínico sostenido para el paciente».
La técnica se conoce como anastomosis linfático-venosa cervical. En términos generales, estas intervenciones crean mediante microcirugía una comunicación entre estructuras linfáticas cervicales profundas y el sistema venoso.
El concepto no nace con el Alzheimer. Las anastomosis linfático-venosas se utilizan en otros campos de la cirugía reconstructiva, especialmente en el tratamiento del linfedema. Lo novedoso es investigar si principios microquirúrgicos similares pueden utilizarse para modificar las vías cervicales relacionadas con el drenaje de líquidos y solutos procedentes del sistema nervioso central.
«Estamos trabajando con estructuras extremadamente pequeñas y eso exige técnicas de microcirugía y supermicrocirugía. Desde el punto de vista quirúrgico podemos realizar estas conexiones; la gran pregunta científica es qué efecto pueden tener sobre la evolución de una enfermedad tan compleja como el Alzheimer», señala Thione.
Los estudios realizados hasta el momento en humanos han comunicado señales de mejoría en determinadas escalas cognitivas y otros parámetros después de la intervención.
Sin embargo, la evidencia disponible sigue siendo limitada. Los datos clínicos proceden fundamentalmente de estudios observacionales o prospectivos de un solo brazo, sin un grupo de control adecuado. Por ello, observar una mejoría después de la cirugía no permite establecer que sea la intervención la responsable de ese cambio ni demostrar que produzca un beneficio clínico real y sostenido.
Además, los cambios observados en determinados biomarcadores tras la intervención tampoco demuestran por sí mismos que la cirugía esté eliminando beta-amiloide o tau del cerebro ni que esté modificando la evolución de la enfermedad.
Actualmente existen ensayos clínicos diseñados precisamente para responder a algunas de estas preguntas, incluyendo estudios aleatorizados y con grupos de control.
«Aquí tenemos que ser muy rigurosos. Que tengamos resultados iniciales interesantes no significa que hayamos demostrado la eficacia de la técnica. Necesitamos ensayos controlados, más pacientes y seguimiento a largo plazo para saber si el efecto es real, qué magnitud tiene y si se mantiene en el tiempo».
Thione insiste en diferenciar una técnica prometedora de un tratamiento cuya eficacia esté ya establecida.
El Alzheimer es una enfermedad neurodegenerativa compleja y actualmente esta cirugía debe entenderse dentro del terreno de la investigación y no como una alternativa demostrada a los tratamientos disponibles.
Tampoco puede afirmarse que favorecer el drenaje o la eliminación de determinadas sustancias vaya a detener o revertir la enfermedad. Del mismo modo, además de demostrar su eficacia, los estudios deberán establecer con precisión la seguridad de la intervención y determinar qué pacientes, si los hubiera, podrían beneficiarse de ella.
«Cuando aparece una enfermedad como el Alzheimer es lógico que los pacientes y, sobre todo, las familias busquen todas las posibilidades. Precisamente por eso tenemos una responsabilidad todavía mayor a la hora de explicar qué sabemos, qué estamos investigando y qué cosas todavía no podemos prometer».
La investigación sobre las vías perivasculares asociadas al sistema glinfático y sobre los vasos linfáticos meníngeos ha cambiado en los últimos años nuestra comprensión de cómo el sistema nervioso central intercambia líquidos y elimina determinadas sustancias, y ha abierto nuevas hipótesis terapéuticas.
La posibilidad de intervenir quirúrgicamente sobre las vías cervicales relacionadas con este drenaje es una de ellas.
Pero, para Thione, el verdadero interés de esta técnica actualmente no está en presentarla como una solución al Alzheimer, sino en la pregunta científica que plantea.
«La microcirugía nos permite hacer cosas que hace unos años parecían imposibles. Ahora tenemos que demostrar si aquello que técnicamente podemos hacer tiene realmente un beneficio para el paciente. Y en el Alzheimer esa respuesta todavía la tiene que dar la investigación».
Una frontera en la que confluyen neurología, investigación del sistema linfático y supermicrocirugía y que, precisamente por encontrarse todavía en sus primeras etapas, merece tanto interés científico como prudencia clínica, especialmente a la hora de comunicar sus posibilidades a pacientes y familias.