Empresas Premium
Las altas temperaturas pueden afectar al bienestar de toda la población, pero su impacto es especialmente relevante en personas con enfermedades crónicas. Con motivo del Día Internacional del Autocuidado, la Sociedad Española de Medicina Familiar y Comunitaria (semFYC) recuerda la importancia de adaptar los hábitos cotidianos durante el verano para reducir los riesgos asociados al calor y prevenir posibles complicaciones de salud.
Según el sistema de Monitorización de la Mortalidad Diaria (MoMo), entre 2015 y 2025 se registraron en España 27.564 defunciones atribuibles a las altas temperaturas, lo que pone de manifiesto la necesidad de extremar las medidas de prevención durante los episodios de calor.
Las personas con enfermedades cardiovasculares, diabetes, enfermedad renal, patologías respiratorias u otras enfermedades crónicas presentan una mayor vulnerabilidad, ya que la deshidratación y las alteraciones en la regulación de la temperatura corporal pueden favorecer descompensaciones y dificultar el control de la enfermedad. Asimismo, algunos tratamientos, como los diuréticos o determinados medicamentos que afectan a la hidratación, requieren un seguimiento más cuidadoso durante esta época del año.
"Las recomendaciones generales son un buen punto de partida, pero no siempre son suficientes. Desde la consulta de Medicina Familiar ayudamos a adaptarlas a la situación de cada persona, teniendo en cuenta su estado de salud, los tratamientos que recibe y sus circunstancias personales", explica Asensio López, especialista en Medicina Familiar y Comunitaria y coordinador del Programa de Actividades Preventivas y de Promoción de la Salud (PAPPS) de la semFYC.
La sociedad científica recuerda que el calor también repercute en aspectos cotidianos como el descanso, un elemento fundamental del autocuidado. La II Radiografía del Autocuidado de la Salud en España refleja que el 17,6 % de la población considera que la temperatura de la habitación afecta negativamente a su sueño, un porcentaje que aumenta en comunidades especialmente cálidas como Andalucía y Canarias.
Dormir peor puede traducirse en una menor actividad física, una hidratación insuficiente, cambios en la alimentación o una mayor sensación de fatiga, factores que terminan repercutiendo en el bienestar general y en el control de determinadas enfermedades.
Por ello, la semFYC recomienda mantener una buena hidratación, realizar la actividad física durante las horas de menor calor, favorecer un descanso reparador, evitar la exposición al sol en las horas centrales del día y conservar correctamente los medicamentos. Asimismo, insiste en que no deben modificarse ni suspenderse los tratamientos habituales sin consultar previamente con un profesional sanitario.
Desde la sociedad científica recuerdan que el autocuidado no consiste únicamente en adoptar hábitos saludables, sino también en saber adaptarlos a cada situación y contar con el acompañamiento de los profesionales sanitarios para tomar decisiones ajustadas a las necesidades de cada persona durante los meses de verano.