Empresas Premium
Sanitas Mayores recuerda la importancia de incorporar la protección solar a la rutina diaria para prevenir quemaduras, lesiones cutáneas y otros problemas asociados a la exposición solar en personas mayores.
La protección solar en personas mayores resulta fundamental durante el verano, ya que la exposición al sol no se limita únicamente a la playa. Un paseo, una comida en una terraza, el jardín de una segunda residencia, una salida al centro de día o un trayecto hasta la farmacia pueden ser suficientes para provocar quemaduras, manchas o irritaciones si la piel no está adecuadamente protegida.
Con el paso de los años, la piel pierde grosor, elasticidad y capacidad de regeneración. Además, el daño solar acumulado durante décadas favorece la aparición de lesiones cutáneas. Por ello, el protector solar no debe utilizarse solo en situaciones puntuales, sino convertirse en una medida preventiva habitual durante los meses de mayor radiación.
“En una persona mayor, una quemadura solar tiene más impacto que en un adulto joven. La piel suele ser más fina, se reseca con facilidad y tarda más en regenerarse. Además, si existen heridas, úlceras, manchas previas o cicatrices recientes, la radiación irrita la zona y dificulta la recuperación”, explica Cristina Villegas, jefa del Servicio de Dermatología del Hospital Universitario Sanitas La Moraleja.
La Agencia Española de Medicamentos y Productos Sanitarios (AEMPS) recomienda evitar la exposición solar entre las 12:00 y las 16:00 horas, utilizar protectores con protección frente a radiación UVA y UVB, aplicarlos media hora antes de la exposición y renovarlos al menos cada dos horas. Asimismo, recuerda que la crema solar debe complementarse con otras medidas como el uso de sombreros, gafas de sol, ropa ligera que cubra la piel y la permanencia en zonas de sombra.
“La fotoprotección debe adaptarse a la situación funcional de cada persona. En ocasiones, la dificultad no está en conocer la recomendación, sino en poder aplicarla correctamente. Si hay rigidez en los hombros, dificultad para agacharse, pérdida de fuerza o deterioro cognitivo, zonas como la espalda, los pies o la parte posterior de las piernas quedan sin cubrir. En esos casos, ayudar a aplicar el protector también forma parte del cuidado preventivo, porque evita molestias que después limitan salidas, descanso o movilidad”, señala Miriam Piqueras, directora Médica de Sanitas Mayores.
Los especialistas de Sanitas Mayores recomiendan incorporar una rutina sencilla para garantizar una correcta fotoprotección. El protector solar debe aplicarse unos 30 minutos antes de salir de casa, sobre la piel limpia y seca, preferiblemente antes de vestirse para facilitar la cobertura de hombros, escote, cuello, antebrazos y piernas.
También es importante utilizar una cantidad suficiente de producto. Para el rostro se pueden tomar como referencia dos líneas de crema sobre dos dedos, mientras que para el cuerpo la AEMPS recomienda aproximadamente dos cucharadas, unos 30 mililitros, cuando existen muchas zonas expuestas. Aplicar una cantidad insuficiente reduce considerablemente la eficacia de la protección.
Otro aspecto clave es seguir un orden durante la aplicación para no olvidar zonas especialmente vulnerables como las orejas, los labios —utilizando un bálsamo con SPF—, el cuello, la nuca, el dorso de las manos, los empeines o el cuero cabelludo en personas con poco cabello. Estas áreas suelen quedar desprotegidas y reciben una elevada radiación durante actividades cotidianas al aire libre.
Asimismo, una única aplicación por la mañana no garantiza protección durante toda la jornada. Si la persona permanece en el exterior, el protector debe renovarse cada dos horas y siempre después de sudar, bañarse o secarse con una toalla. En paseos breves, de entre 20 y 30 minutos fuera de las horas centrales del día, suele ser suficiente con una correcta aplicación previa.
Los especialistas también aconsejan evitar exposiciones prolongadas con el objetivo de "acostumbrar" la piel al sol. La actividad al aire libre sigue siendo recomendable, pero debe realizarse preferentemente a primera hora de la mañana o al final de la tarde. En caso de dudas relacionadas con la vitamina D, la fragilidad ósea o la necesidad de suplementación, recomiendan consultar con un profesional sanitario, tanto de forma presencial como mediante videoconsulta.
Por último, recuerdan la importancia de revisar el estado de las cremas solares antes de utilizarlas. No es recomendable emplear protectores abiertos desde el verano anterior si han superado el periodo de uso indicado tras su apertura o presentan alteraciones de olor, color o textura. La exposición prolongada al calor, por ejemplo en vehículos o terrazas, también puede deteriorar el producto.
“El protector solar permite mantener salidas, paseos y actividades al aire libre sin asumir riesgos innecesarios. Incorporarlo a la rutina diaria, igual que la hidratación o la medicación pautada, facilita que el verano sea más seguro para las personas mayores y para quienes las acompañan”, concluye Miriam Piqueras, directora Médica de Sanitas Mayores.