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Un equipo del Instituto de Investigación Sant Pau (IR Sant Pau) ha demostrado que una métrica obtenida mediante resonancia magnética de difusión, denominada PSMD, permite detectar alteraciones tempranas en la sustancia blanca del cerebro tanto en personas con Alzheimer esporádico como en aquellas con síndrome de Down, una población con un riesgo muy elevado de desarrollar esta enfermedad.
Los resultados, publicados en la revista Alzheimer’s & Dementia, refuerzan la idea de que el daño cerebral asociado al Alzheimer responde a una combinación de procesos neurodegenerativos, vasculares e inflamatorios.
El estudio revela que, en personas con síndrome de Down, estas alteraciones pueden detectarse en torno a los 38 años, aproximadamente 15 años antes de la edad en la que suele manifestarse clínicamente la demencia asociada al Alzheimer. Según los investigadores, este hallazgo convierte al PSMD en un prometedor biomarcador precoz para estudiar la evolución de la enfermedad.
La investigación ha analizado a 496 participantes procedentes de dos cohortes del IR Sant Pau, entre ellos personas sanas, pacientes con Alzheimer y adultos con síndrome de Down. Este último grupo constituye un modelo especialmente útil para investigar las fases iniciales de la enfermedad, ya que la presencia de una copia adicional del gen APP favorece una acumulación temprana de beta-amiloide, una de las proteínas características del Alzheimer.
Los investigadores explican que el PSMD se obtiene a partir de imágenes de difusión, una modalidad de resonancia que analiza el movimiento de las moléculas de agua en el tejido cerebral. Esta técnica permite identificar cambios microscópicos en la sustancia blanca antes de que aparezcan lesiones visibles mediante una resonancia convencional, aportando una medida global del estado de cada paciente.
El trabajo también muestra que el aumento del PSMD está relacionado con un peor rendimiento cognitivo, así como con biomarcadores clásicos del Alzheimer, como la beta-amiloide y la tau, además de marcadores de daño axonal, inflamación y alteraciones vasculares. Estos resultados apuntan a que el deterioro de la sustancia blanca no depende de un único mecanismo, sino de la interacción entre distintos procesos que participan en la evolución de la enfermedad.
Los autores consideran que esta herramienta puede adquirir especial relevancia en el contexto de los nuevos tratamientos frente al Alzheimer, ya que permitiría complementar la información obtenida con otros biomarcadores y mejorar el seguimiento de los pacientes mediante pruebas de resonancia que ya forman parte de muchos protocolos clínicos.
Aunque todavía serán necesarios estudios longitudinales para confirmar su capacidad predictiva, el equipo concluye que el PSMD ofrece una visión más completa del Alzheimer y abre nuevas posibilidades para comprender mejor la evolución de la enfermedad y monitorizar poblaciones con alto riesgo, como las personas con síndrome de Down.