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Dr. José Viña, Catedrático Emérito de Fisiología de la Universidad de Valencia y director de la Cátedra de Gerociencia de la UCAM.
El estudio RobustNes demuestra que combinar ejercicio físico y una nutrición adecuada puede mejorar la capacidad funcional, reforzar la autonomía y reducir indicadores de envejecimiento biológico en las personas mayores. En la intervención, el soporte nutricional se basó en el suplemento Meritene Fuerza y Vitalidad. Su investigación pone de relieve la importancia de actuar sobre la fragilidad y la desnutrición para avanzar hacia un envejecimiento más saludable.
Es muy importante darse cuenta de que la aparición de la fragilidad no es un fenómeno inevitable. Es más, cuando aparece puede tratarse. El estudio RobustNes muestra que, con un ejercicio físico adecuado, siempre asociado a una nutrición correcta, se puede retrasar e incluso revertir la aparición de la fragilidad. Esto es una gran noticia, dado que, si no se retrasa la fragilidad, entonces nos encontramos en riesgo de que aparezca la dependencia.
Efectivamente, el estudio indica que la asociación de ejercicio con una correcta nutrición tiene efectos sinérgicos, es decir, ambos se potencian entre sí. La explicación reside en que los beneficios del ejercicio requieren que tengamos una nutrición óptima. Hemos de tener en cuenta que una proporción muy importante de personas que viven en la Comunidad Europea tienen déficits de vitaminas y, en muchos casos, de proteínas. Se estima que incluso un 45% de las personas de más de 65 años que viven en la Comunidad Europea tienen un déficit de proteínas. Por tanto, suplementar con proteínas y vitaminas potencia los efectos beneficiosos del ejercicio.
El estudio ha demostrado que el ejercicio con la suplementación nutricional adecuada puede disminuir la edad biológica. De hecho, en el grupo de intervención se observó una disminución de aproximadamente 11 meses en uno de los marcadores analizados.
Aquí conviene resaltar que la edad biológica no es lo mismo que la edad cronológica, la segunda es el resultado del número de años que marca el calendario desde que una persona nació; la primera nos indica calidad de vida, el estado de salud que tiene una persona independientemente de la edad cronológica. Una persona puede tener más años cronológicamente hablando que otra y, sin embargo, estar más envejecida porque su salud no sea adecuada.
Los biomarcadores de envejecimiento no dejan de ser parámetros medibles, en muchos casos de bioquímica sanguínea, que nos indican la calidad de vida de una persona. Esta calidad de vida se asocia a una expectativa de vida, es decir, a la probabilidad de seguir vivo durante más años. Pero no solo estamos interesados en parámetros bioquímicos, sino que lo estamos más aún en parámetros funcionales, por ejemplo, la calidad de la marcha, la posibilidad de levantarse de una silla ágilmente y la capacidad de mantener la cognición. En el estudio RobustNes observamos precisamente mejoras en parámetros relacionados con la autonomía de las personas mayores, como la fuerza de prensión manual, que aumentó 6 kg, así como en la velocidad de la marcha y el equilibrio. Con todo esto, podemos resumir que la capacidad funcional mejora sustancialmente cuando uno hace un programa como este.