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Mantener el vínculo con la familia es uno de los pilares del bienestar de las personas mayores que viven en una residencia. En esta entrevista, Grupo Villamor aborda el papel que siguen desempeñando los abuelos dentro de sus familias, la importancia del contacto intergeneracional y cómo la atención centrada en la persona ayuda a que cada residente continúe siendo protagonista de su propia vida.
Cuando una persona comienza a vivir en una residencia, no cambia su papel en la familia, sino el contexto desde el que lo ejerce.
El papel de abuelo no desaparece, es más, es uno de los aspectos que, en muchas ocasiones, más identidad, ilusión y sentido aporta a muchas personas mayores.
La residencia se convierte en su nuevo hogar y lejos de detener su vida les ofrece oportunidades para seguir viviendo momentos significativos que enriquecen las conversaciones familiares y que facilitan mantener vivo el vínculo intergeneracional.
Cuando existe un mayor grado de dependencia, el papel de abuelo adquiere una dimensión diferente pero no menos importante ya que el lenguaje emocional permanece. La visita y contacto con un nieto llega cambiar la expresión, la actitud y en muchas ocasiones el estado de ánimo de la persona mayor. Esto nos recuerda que el vínculo afectivo sigue intacto y que la familia es una parte esencial de su bienestar.
Sin duda, el papel de los abuelos ha evolucionado en los últimos años, al mismo ritmo que lo han hecho las familias y la propia sociedad.
Los abuelos no solo son transmisores de valores e historia, sino que en muchos casos son también un apoyo imprescindible en la conciliación familiar, participando activamente en el cuidado y la educación de sus nietos.
Sin embargo, más allá de este papel tan importante, creo que hay que ver el papel de los abuelos desde ostra perspectivo, sin ver solo lo que hacen sino lo que representan.
Su presencia aporta un sentimiento de pertenencia que ninguna otra figura puede sustituir.
En muchos casos, han dedicado gran parte de su vida a cuidar de los demás: primero de sus hijos y después de sus nietos. Como sociedad, tenemos el reto de seguir reconociendo el valor de nuestros mayores más allá de su capacidad para cuidar y ayudar, ya que ser abuelo no es una función que termine con la dependencia, sino que es un vínculo que aporta identidad, afecto y cohesión familiar en cualquier etapa de la vida.