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Elegir soluciones pensando en las personas de hoy y en las necesidades de mañana
La movilización forma parte de la vida cotidiana de cualquier residencia o centro sociosanitario. Incorporarse en la cama, cambiar de posición, pasar de la cama a la silla, acceder al baño, ducharse, ponerse de pie o desplazarse son acciones que se repiten cada día y que tienen un impacto directo tanto en la autonomía y el bienestar de la persona como en el trabajo de los profesionales que la atienden.
Sin embargo, resolver correctamente la movilización de un centro no consiste simplemente en disponer de ayudas técnicas. El verdadero reto está en disponer de las soluciones adecuadas y, sobre todo, del criterio necesario para saber cuándo, cómo y con quién utilizar cada una de ellas.
Porque no todas las personas necesitan el mismo nivel de asistencia. Y una misma persona tampoco necesita necesariamente la misma ayuda a lo largo del tiempo.
Las capacidades funcionales cambian. Pueden hacerlo como consecuencia de un proceso de rehabilitación, de una hospitalización, de una caída o una intervención quirúrgica; pueden mantenerse relativamente estables durante un período prolongado o disminuir progresivamente como consecuencia del envejecimiento o de determinadas patologías.
Esto obliga a entender las ayudas técnicas no como soluciones asignadas de manera definitiva, sino como herramientas que deben acompañar esa evolución.
Una grúa puede ser imprescindible para realizar una transferencia con seguridad en un determinado momento. Pero si posteriormente la persona recupera capacidad para mantener el tronco, apoyarse, ponerse parcialmente de pie o participar activamente en la transferencia, quizá sea conveniente reconsiderar el nivel de asistencia.
También puede ocurrir exactamente lo contrario: mantener durante demasiado tiempo una transferencia manual cuando las capacidades de la persona han disminuido puede incrementar el riesgo para ella y generar un sobreesfuerzo innecesario para el profesional.
La cuestión, por tanto, no es utilizar más o menos ayudas técnicas. Es utilizar el nivel de ayuda adecuado.
Entre la transferencia manual y la grúa existe todo un mundo de soluciones
Cuando se habla de movilización de personas dependientes, resulta fácil pensar inmediatamente en las grúas. Son imprescindibles en numerosas situaciones y han transformado la seguridad y la ergonomía de muchas transferencias.
Pero una movilización bien planteada contempla un abanico mucho más amplio de posibilidades.
Un sistema deslizante puede facilitar un reposicionamiento en la cama reduciendo considerablemente la fricción y el esfuerzo. Una tabla de transferencia puede permitir que una persona conserve un grado importante de participación al pasar de una superficie a otra. Un disco giratorio o determinadas ayudas para la incorporación y la bipedestación pueden hacer posible una transferencia segura aprovechando capacidades que la persona todavía conserva.
En otros casos será necesaria una grúa de bipedestación, una grúa móvil de traslado o un sistema de techo.
Y esa misma lógica debe extenderse a actividades tan cotidianas y relevantes como utilizar el inodoro o ducharse, donde la elección adecuada de una silla de higiene, una solución móvil de ducha o una camilla puede condicionar tanto la seguridad como la dignidad y comodidad del usuario y las condiciones de trabajo del cuidador.
No se trata, por tanto, de establecer una jerarquía entre soluciones sencillas y complejas. La mejor solución no es necesariamente la que proporciona más asistencia, sino la que aporta la asistencia que realmente se necesita.