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El 58,3 % de las personas mayores que viven en sus domicilios afirma sentirse sola con frecuencia, frente al 46 % de quienes residen en centros especializados. La psicóloga de Bouco Carla Ruiz destaca el papel de estos recursos en la creación de vínculos sociales y afectivos.
Las residencias de mayores pueden contribuir a reducir la sensación de soledad no deseada y favorecer las relaciones sociales en edades avanzadas. Así lo refleja un estudio de la Fundación IDIS (Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad), que señala que el 58,3 % de las personas mayores que viven en sus domicilios se siente sola con cierta frecuencia, frente al 46 % de quienes residen en centros para mayores.
Los resultados proceden de un estudio en el que participaron residentes de una veintena de centros de toda España, incluidos varios de Bouco, como el de Valdemarín, en Madrid. La investigación también recoge que el 70 % de las personas mayores que viven en residencias considera que estos centros ayudan a reducir la soledad.
La experiencia de Marta, una residente de 92 años, ilustra cómo el entorno residencial puede favorecer la recuperación de las relaciones sociales. Cuando llegó a Bouco Valdemarín, en la primavera de 2025, llevaba cinco años sin salir de casa, apenas se relacionaba con otras personas y presentaba un estado de ánimo deprimido.
«Su aislamiento era tal que, durante las primeras actividades grupales, pedía que la sentaran de espaldas a los demás residentes. Hoy participa en la vida del centro, forma parte de un grupo de amistades y ha establecido un vínculo especialmente estrecho con otra mujer. A los 92 años ha hecho una mejor amiga», explica Carla Ruiz, psicóloga de Bouco Valdemarín.
El estudio de Fundación IDIS también aporta datos sobre el contacto familiar. El 77,6 % de las personas mayores que viven en residencias recibe visitas de sus hijos al menos una vez por semana, frente al 69 % de quienes permanecen en sus domicilios.
Para Carla Ruiz, esta diferencia podría estar relacionada con la percepción de que las personas mayores que viven en casa son más independientes y necesitan menos apoyo. Sin embargo, la psicóloga advierte de que «no se deben invisibilizar las necesidades afectivas y sociales de ningún mayor», independientemente de dónde resida.
La pérdida de seres queridos y los rápidos cambios tecnológicos pueden incrementar la sensación de aislamiento y desconexión. «Muchas personas mayores pueden sentir que su entorno cambia demasiado deprisa y que cada vez tienen menos vínculos con él», señala Ruiz.
En este contexto, las residencias ofrecen compañía continuada y oportunidades para la interacción social, la creación de vínculos afectivos y el sentimiento de pertenencia a una comunidad. Para ello, los centros organizan actividades lúdicas, propuestas de ocio en grupo, eventos gastronómicos, talleres y salidas al exterior.
La participación, no obstante, debe adaptarse a las preferencias de cada persona. Según explica la psicóloga, los profesionales respetan las decisiones individuales y, cuando existe reticencia a participar, pueden proponer un acercamiento progresivo, comenzando por actividades reducidas o individuales hasta que la persona se sienta cómoda.
Estas dinámicas también contribuyen a la estimulación cognitiva, ya que la interacción social y las actividades diseñadas para trabajar distintas capacidades favorecen el ejercicio de la memoria, la concentración y la atención.
Las historias de otros residentes muestran la importancia de contar con una red de apoyo en edades avanzadas. Cándido, de 80 años y viudo, ingresó en Bouco Valdemarín después de vivir solo durante seis años tras la muerte de su esposa. Actualmente recibe visitas semanales de sus hijos, nietos y amigos.
El residente destaca que la compañía ha sido fundamental para afrontar episodios de tristeza y ansiedad, así como para hacer frente al deterioro físico y cognitivo.
Petra, otra residente que ha cumplido 92 años, también ha encontrado en el centro un entorno en el que establecer nuevos vínculos. Tras perder a su pareja hace más de cuatro décadas, esta modista jubilada, que no tiene hijos, vivió y viajó sola durante muchos años. Ahora asegura sentirse más acompañada gracias, especialmente, a las relaciones afectivas que ha desarrollado con otros residentes.
Estas experiencias ponen de relieve la importancia de promover las relaciones sociales y prevenir la soledad no deseada entre las personas mayores. Como concluye Carla Ruiz, resulta fundamental facilitar su participación en una sociedad en constante evolución y ofrecer oportunidades para mantener y crear vínculos significativos.