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El envejecimiento podría no explicarse únicamente por la acumulación de daños moleculares, sino también por una pérdida progresiva de la capacidad del organismo para mantener su estabilidad y adaptarse a las alteraciones.
Esta es la hipótesis que plantea un artículo publicado en la revista científica BioSystems, en el que participa como coautora Mónica De la Fuente, catedrática de la Universidad Europea.
El trabajo propone estudiar el envejecimiento desde la termodinámica del no equilibrio y la física de sistemas complejos, poniendo el foco en la capacidad del organismo para conservar su funcionamiento ante los cambios.
Una de las principales propuestas de la investigación es analizar la producción de entropía, entendida como la energía que el organismo disipa mientras realiza sus funciones y mantiene su organización interna.
Según la hipótesis de los autores, la evolución de esta energía podría reflejar cambios en la actividad metabólica y en la capacidad del organismo para conservar su estabilidad. Su estudio podría servir para investigar cuándo un sistema se aproxima a un estado de mayor inestabilidad y contribuir al análisis de la edad biológica.
No obstante, los investigadores señalan que esta propuesta todavía necesita una mayor formalización y validación experimental.
Desde este planteamiento, el envejecimiento podría entenderse como una pérdida progresiva de la capacidad del organismo para mantener su funcionamiento y responder a los cambios. “Los daños moleculares serían una parte del proceso, pero no su única explicación. El deterioro general del organismo podría hacer que fuera cada vez más vulnerable a alteraciones que antes podía compensar”, explica Mónica De la Fuente.
Cuando el organismo pierde capacidad para adaptarse, puede acercarse a un punto de mayor vulnerabilidad. En esas circunstancias, alteraciones que anteriormente podía compensar podrían provocar cambios importantes en su funcionamiento y favorecer la aparición de enfermedades degenerativas.
Esta hipótesis también podría contribuir a explicar por qué dos personas con la misma edad cronológica no envejecen necesariamente de la misma manera ni desarrollan las mismas enfermedades. La pérdida de capacidad de adaptación no tendría por qué producirse al mismo ritmo en todos los organismos, por lo que la edad cronológica no reflejaría por sí sola su estado biológico.
La investigación identifica así la producción de entropía como un posible indicador de esa pérdida de estabilidad y de la edad biológica, aunque serán necesarias nuevas investigaciones para comprobar su utilidad.
El planteamiento también propone añadir un quinto postulado a la teoría de Bernard Strehler, cuyos cuatro postulados clásicos describen el envejecimiento como un proceso universal, originado dentro del organismo, gradual y asociado a una pérdida progresiva de funcionamiento.
El nuevo planteamiento añade la perspectiva del funcionamiento conjunto del organismo como sistema complejo. Cuando este sistema pierde progresivamente robustez y capacidad de adaptación, podría aproximarse a estados asociados a determinadas enfermedades.
“Esta propuesta busca complementar las explicaciones moleculares y celulares con una visión global del organismo y de los cambios que experimenta a lo largo del tiempo”, asegura la profesora de la Universidad Europea.
Desde esta perspectiva, la longevidad dependería, entre otros factores, de la capacidad del organismo para conservar su complejidad, adaptarse a los cambios y retrasar la llegada a estados críticos. La producción de entropía podría ofrecer una vía para estudiar esta evolución y profundizar en la relación entre envejecimiento, estabilidad y enfermedad, aunque la hipótesis todavía deberá desarrollarse y validarse mediante futuras investigaciones.