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La soledad percibida se perfila como un factor de riesgo temprano de deterioro cognitivo, independientemente del grado de contacto social objetivo que tenga la persona. Así lo confirma la evidencia científica, que sitúa este sentimiento de desconexión entre los elementos a vigilar en las fases iniciales de la salud cerebral.
La magnitud de la situación ha llevado a la Organización Mundial de la Salud (OMS) a reconocer el aislamiento social como una amenaza para la salud pública global. Según sus datos, casi una de cada seis personas en el mundo afirma sentirse sola. Este fenómeno no solo repercute en el estado de ánimo, sino que se asocia con un riesgo entre un 8% y un 9% mayor de desarrollar deterioro cognitivo, un vínculo que destaca especialmente de cara al Día Mundial del Alzheimer, que se conmemora el próximo 21 de septiembre.
"Lo relevante no es tanto la frecuencia de contacto social, sino la percepción subjetiva de aislamiento", explica el Dr. Pedro Gil Gregorio, especialista en Geriatría y profesor de la Universidad Complutense de Madrid, quien recuerda que cuidar el cerebro también implica cuidar los vínculos afectivos.
Para combatir este problema, la OMS señala que se pueden aplicar estrategias sencillas y sostenidas, como mantener conversaciones con contenido real, participar en actividades comunitarias o de voluntariado, utilizar la tecnología para acortar distancias y buscar apoyo profesional cuando el sentimiento de soledad persista. Países como Corea del Sur ya integran estas iniciativas en sus sistemas sanitarios mediante la "prescripción" de actividades sociales.
En el caso de personas que ya presentan indicios de deterioro cognitivo leve, los especialistas recomiendan un abordaje integral que combine hábitos de vida saludables, estimulación cognitiva, redes de apoyo activo y un seguimiento clínico continuado para proteger la salud del cerebro con el paso de los años.