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Los expertos alertan del aumento de riesgos por las altas temperaturas y subrayan la importancia de la prevención, la hidratación y la vigilancia en los colectivos más vulnerables.
La deshidratación se consolida como uno de los principales riesgos del verano para las personas mayores, debido a los cambios fisiológicos asociados al envejecimiento, la presencia de enfermedades crónicas y el efecto de determinados tratamientos farmacológicos.
Según explica la profesora de Enfermería de la Universidad Europea, la doctora Verónica Saldaña, la menor sensación de sed y la reducción de la capacidad del organismo para regular la temperatura corporal hacen que las personas mayores sean especialmente vulnerables ante las olas de calor.
“Muchas enfermedades crónicas y medicaciones dificultan la adaptación a las altas temperaturas, lo que les hace más vulnerables ante la posibilidad de sufrir un golpe de calor”, señala la especialista.
Con el envejecimiento, el cuerpo pierde eficiencia en mecanismos clave como la sudoración y la percepción del calor. Esto provoca que la deshidratación pueda producirse de forma silenciosa, sin que la persona sea plenamente consciente de ello.
La doctora Saldaña advierte de que los primeros síntomas de un golpe de calor pueden ser difíciles de identificar. Entre las señales de alerta destacan el cansancio inusual, la somnolencia, la desorientación, la irritabilidad, los mareos o la dificultad para caminar.
Ante cualquier sospecha de gravedad, la experta recomienda llamar de inmediato al 112 si se produce alteración del nivel de conciencia, fiebre elevada o un deterioro significativo del estado general.
Asimismo, subraya la importancia de la prevención y alerta de errores frecuentes durante los episodios de calor extremo. “El más habitual es esperar a que la persona mayor tenga sed para ofrecerle agua. Cuando aparece la sed, muchas veces ya existe un cierto grado de deshidratación”, explica.
También recomienda revisar la medicación habitual, ya que algunos fármacos pueden aumentar la vulnerabilidad frente al calor, siendo necesario un seguimiento específico por parte de profesionales sanitarios.
Los especialistas insisten en la necesidad de reforzar la vigilancia familiar y los cuidados durante el verano para evitar complicaciones graves derivadas de las altas temperaturas.