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Donostia-San Sebastián se ha convertido esta semana en el epicentro internacional del debate sobre envejecimiento activo, bienestar y longevidad, con la celebración del III Congreso Internacional de Ciudades Amigables.
El encuentro reúne a expertos, representantes institucionales y entidades sociales de distintos países para analizar cómo adaptar las ciudades a una población cada vez más longeva.
Durante tres jornadas, los participantes comparten experiencias e iniciativas centradas en los cuidados, la participación social, la autonomía personal y la construcción de comunidades más inclusivas, situando a Gipuzkoa como referente en políticas de envejecimiento y bienestar.
El alcalde de Donostia, Jon Insausti, recordó que la ciudad fue la primera de España en incorporarse en 2009 a la Red de Ciudades Amigables con las Personas Mayores de la Organización Mundial de la Salud (OMS). Actualmente, el 26,5% de la población donostiarra supera los 65 años, una realidad que, según destacó, obliga a replantear ámbitos como la vivienda, la movilidad, los cuidados y el diseño urbano.
Insausti defendió además una visión de las personas mayores como agentes activos en la vida social y política. "No debemos mirar a las personas mayores únicamente desde la atención y los cuidados, sino como protagonistas de la construcción de la ciudad", señaló.
Por su parte, la diputada general de Gipuzkoa, Eider Mendoza, destacó que el aumento de la esperanza de vida debe abordarse como una oportunidad para transformar el modelo de cuidados y fortalecer la cohesión social.
Mendoza explicó que la Diputación trabaja en un sistema basado en la personalización, la innovación y la conexión comunitaria, apoyado en ecosistemas locales de cuidados que ya funcionan en más de treinta municipios del territorio.
En la misma línea, Eva Salaberria, responsable de Donostia Lagunkoia, incidió en la necesidad de adoptar una nueva mirada sobre el envejecimiento. Según explicó, una ciudad amigable es aquella que integra las necesidades de las personas a lo largo de toda su vida, abordando de forma conjunta cuestiones como la vivienda, los cuidados y el espacio público.
La soledad no deseada ha sido otro de los temas centrales del congreso. Raquel San Sebastián, directora de Adinberri, destacó las iniciativas que Gipuzkoa está desarrollando para combatir este fenómeno desde una perspectiva transversal.
Entre ellas figura la estrategia Hariak, impulsada por la Diputación Foral de Gipuzkoa, que busca coordinar a administraciones, entidades sociales y ciudadanía para prevenir situaciones de aislamiento y reforzar las redes comunitarias.
La estrategia incluye proyectos de acompañamiento a personas hospitalizadas, programas dirigidos a colectivos vulnerables y actuaciones urbanísticas diseñadas para favorecer las relaciones sociales y reducir el riesgo de soledad.
Las conclusiones del encuentro apuntan a una idea común: el envejecimiento de la población exige transformar el modelo de ciudad para garantizar la autonomía, la participación y el bienestar de las personas mayores.
Los participantes coincidieron en la importancia de fortalecer los vínculos vecinales, fomentar las relaciones intergeneracionales y diseñar entornos urbanos que respondan a las necesidades de una sociedad cada vez más longeva. Un desafío que, según los expertos reunidos en Donostia, requiere la colaboración de administraciones, empresas, entidades sociales y ciudadanía para construir comunidades más inclusivas y resilientes.