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Adrián Moure, residente en Bouco Madrid Valdemarín, desafía los estereotipos del envejecimiento al continuar desarrollando su actividad profesional a los 80 años como consejero de una empresa especializada en Inteligencia Artificial. Su historia refleja cómo las nuevas tecnologías y el aprendizaje continuo pueden convertirse en herramientas de bienestar, participación social y envejecimiento activo.
Leer la prensa, responder correos electrónicos, consultar información bursátil y atender llamadas de trabajo forma parte de la rutina diaria de Adrián Moure Lledo. Una agenda que podría corresponder a la de cualquier directivo en activo, pero con una diferencia: su oficina se encuentra en una residencia de mayores.
Adrián reside en Bouco Madrid Valdemarín, centro al que decidió trasladarse el pasado año tras el fallecimiento de su esposa. “Me quedé solo, tenía las piernas mal y tenía que ir todos los días al centro de salud para hacerme las curas y no podía ir solo, dependía de mis hijos y para no molestarles decidí venir para estar más cuidado y atendido”, explica.
Lejos de reducir su actividad, este cambio vital ha reforzado su faceta profesional. A los 70 años se incorporó a una asesoría empresarial y, posteriormente, pasó a formar parte de AIWorks 2028, compañía especializada en acercar la Inteligencia Artificial a las pequeñas y medianas empresas, donde actualmente ejerce como consejero.
Perito mercantil, antiguo director de Toshiba y padre de tres hijos, Adrián asegura que no contempla la jubilación como una opción. “Me encanta trabajar, lo he hecho toda la vida”, afirma. Mantenerse activo profesionalmente le permite, según explica, que su mente continúe funcionando al mismo ritmo que siempre, además de proporcionarle motivación y satisfacción personal.
Su pasión por la IA se ha convertido en uno de los motores de esta etapa. No solo le interesa su aplicación empresarial, sino también su capacidad para seguir aprendiendo, reflexionando y contribuir a la sociedad. “Me hace pensar y razonar, a la vez que aportar a la sociedad”, señala.
Para Adrián, la tecnología es también una herramienta para mantenerse conectado con el entorno. “Me permite trasladar conocimiento, conectar con la sociedad y seguir siendo participativo en el entorno donde vivo”, añade.
Desde el punto de vista profesional, su caso representa una tendencia cada vez más visible en los centros residenciales. Según Carla Ruiz, psicóloga de Bouco Madrid Valdemarín, mantener actividades intelectuales y profesionales aporta beneficios tanto individuales como colectivos.
“Su actividad enriquece la dinámica de la residencia, ya que fomenta que otros residentes quieran aprender nuevas habilidades relacionadas con la tecnología o incluso iniciarse en ellas”, explica la especialista.
Además, destaca que el aprendizaje continuo y la participación en proyectos profesionales contribuyen a mantener las capacidades cognitivas, fortalecer la autoestima y favorecer las relaciones sociales entre los residentes.
“Se genera un ambiente de colaboración y motivación que refuerza el sentido de comunidad y crea un entorno más inclusivo y dinámico”, subraya Ruiz.
La experiencia de Adrián refleja también la evolución de los perfiles que llegan actualmente a las residencias de mayores. Según la psicóloga, cada vez son más las personas que mantienen vínculos con las nuevas tecnologías y desean continuar desarrollando sus intereses personales y profesionales.
Por ello, los centros trabajan para adaptar actividades y proyectos a las preferencias de cada residente. “Cuando ingresan realizamos una historia de vida para conocer sus gustos e intereses y así poder fomentar aquellas actividades que les resultan significativas”, explica.
Este enfoque favorece que los mayores continúen realizando actividades que les aportan sentido y bienestar, manteniendo un papel activo dentro de la comunidad residencial.
Adrián rechaza la nostalgia y observa con admiración la evolución del mundo empresarial. Considera que los jóvenes profesionales están cada vez mejor preparados y les anima a no dejar nunca de aprender. “Hay que trabajar y estudiar, no se puede dejar de estudiar. Hay que intentar adelantarse al futuro”, aconseja.
Una filosofía que él mismo continúa aplicando a sus 80 años, convirtiéndose en un ejemplo de cómo el emprendimiento sénior, la Inteligencia Artificial, el aprendizaje continuo y el envejecimiento activo pueden convivir en una misma historia.
Su trayectoria refleja una nueva realidad en las residencias: la de personas mayores más conectadas, curiosas, participativas y abiertas a la innovación, demostrando que la edad no es una barrera para seguir contribuyendo, aprendiendo y mirando al futuro con entusiasmo.