7 de enero, 2026
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Vivir 100 años ya no es un concepto futurista, ni siquiera una idea revolucionaria. De hecho, ser centenario en España no entra en la categoría de lo anecdótico; en nuestro país, según el Instituto Nacional de estadística, este grupo de población rozaba en 2024 los 16.000 individuos.

La tendencia se achaca al clima y la dieta mediterráneos, a cuestiones sociológicas como el acceso universal a los cuidados médicos y al mantenimiento de los vínculos familiares, cuestiones coincidentes con otros países de longevidad destacada, como Japón.

Otro de los factores relevantes para vivir más años tiene que ver con el impacto de la medicina de la longevidad, basada en la prevención, el diagnóstico exhaustivo y el tratamiento personalizado. El antiage, como se le conoce popularmente, es una de las especializaciones médicas que más avanza, y lo hace en paralelo a las necesidades y tendencias sociales.

Se trata, explican desde Neolife, de “hackear” al cuerpo para ralentizar y paliar los efectos del paso de los años, los procesos inflamatorios, los fallos sistémicos. Es el denominado biohacking, que se basa en el estudio de marcadores genéticos y de salud y en la preparación del individuo para encajar el proceso de envejecimiento.

Esta especialidad camina en paralelo a la atención médica tradicional, aunque cada vez más, y esta es una de las tendencias que veremos en 2026, sus caminos se vienen cruzando. Sucederá, según el doctor Galán, “en un horizonte relativamente cercano”: “La medicina no puede seguir centrada solo en detectar enfermedad establecida, sino en optimizar el estado de salud antes de que aparezca el daño. Cada vez entendemos mejor que los procesos que llevan a la enfermedad comienzan décadas antes. Integrar evaluación funcional, riesgo cardiometabólico, salud cognitiva y calidad de vida en revisiones periódicas será un paso lógico e inevitable”.

Esta optimización pasará en los próximos meses, y en lo que a medicina preventiva de la edad se refiere, por las siguientes cuestiones clave:

• Una clara consolidación del enfoque epigenético, entendiendo cómo hábitos, sueño, ejercicio y estrés modulan la expresión génica.
• La terapia hormonal de reemplazo (nivelar la capacidad hormonal perdida con hormonas bioidénticas) seguirá normalizándose tras la caída de barreras históricas.
• Habrá una prescripción de ejercicio más precisa y científica, junto con un seguimiento nutricional continuo.
• Se ampliará el uso de biomarcadores avanzados de riesgo cardiovascular como ApoB, Lp(a), homocisteína, inflamación y grasa visceral.
• Las estrategias de prevención y cribado de cáncer cambiarán ante el aumento de incidencia, mortalidad y su aparición en edades cada vez más jóvenes, impulsando enfoques más personalizados y precoces.

Comenzando por la nutrición, una de las cuestiones que más preocupan, el doctor Galán apunta a un entendimiento más perfeccionado del uso de los antagonistas del receptor GLP-1, medicamentos que reducen el apetito, favorecen el control de la glucosa y la pérdida de peso. Se refiere a la semaglutida, liraglutida y tirzepatida, este último de nueva generación. En este año que comienza, se perfeccionará su prescripción, al conocerse en qué perfiles funciona mejor y sus efectos a medio y largo plazo.

También en esta área, los profesionales de la medicina antiage apuntan a la nutrigenética, que diseña la alimentación según la respuesta individual a macronutrientes y estímulos dietéticos. Además, la nutrición orientada a optimizar la microbiota intestinal, añade el experto de Neolife, “se consolidará como una diana clave del envejecimiento saludable, por su impacto en inflamación, metabolismo, inmunidad y eje intestino-cerebro”.

Ahora bien, todos estos avances en alimentación consciente y tratamiento de la obesidad deberían reforzar y no sustituir el papel central del ejercicio y los hábitos. Así, la gran evolución será una prescripción de ejercicio más profesionalizada y personalizada. Herramientas como la prueba de esfuerzo con medición de VO₂max y umbrales ventilatorios serán clave. Ganará protagonismo el ejercicio de fuerza como pilar de longevidad y prevención de fragilidad, junto con HIIT bien prescrito. El objetivo no será “hacer deporte”, sino entrenar con criterio para vivir más y mejor.

En cuanto a la terapia hormonal, y una vez superadas antiguas reticencias sobre su uso, que hoy ya no tienen base científica sólida, la evidencia actual “la respalda claramente cuando está bien indicada y correctamente prescrita. A partir de ahora, negarse a prescribir terapia hormonal refleja un desconocimiento profundo del tema, y lo responsable es derivar al paciente a profesionales con formación actualizada y experiencia clínica real para que mujeres y hombres puedan beneficiarse de sus múltiples efectos en todos los ejes de la salud”.

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