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Con motivo del Día Mundial del Alzheimer, que se celebra el próximo 21 de septiembre, los especialistas de MyBrain ofrecen algunas claves para identificar cambios cognitivos que merecen atención, sin caer en la alarma ni normalizar automáticamente cualquier alteración por el hecho de envejecer.
“No nos preocupa tanto un despiste puntual como un cambio que antes no existía, que empieza a repetirse y que afecta a actividades que la persona realizaba con normalidad. Consultar no significa asumir que existe Alzheimer, sino entender qué está ocurriendo”, explica el Dr. Francisco Mira, neurólogo y director médico de MyBrain.
¿Cuándo conviene consultar?
Más que fijarse en un episodio aislado, los especialistas recomiendan observar si existe un cambio respecto al funcionamiento habitual de la persona.
Entre las señales a las que conviene prestar atención se encuentran los olvidos frecuentes de información reciente; repetir preguntas o conversaciones; dificultades nuevas para encontrar palabras o seguir un diálogo; problemas para realizar tareas habituales; desorientarse en lugares conocidos; o mostrar cambios persistentes en la capacidad de organización, el comportamiento o el estado de ánimo.
La diferencia puede estar, por ejemplo, entre olvidar puntualmente dónde se han dejado las llaves y empezar a guardarlas repetidamente en lugares inusuales sin recordarlo después; entre tardar en encontrar una palabra y tener dificultades nuevas y frecuentes para seguir una conversación; o entre equivocarse en un recorrido desconocido y desorientarse en trayectos que forman parte de la rutina habitual.
Estos cambios pueden responder a causas muy diversas y no implican necesariamente la presencia de una enfermedad neurodegenerativa. Una evaluación clínica permite contextualizarlos, explorar su origen y determinar si requieren seguimiento.
¿Qué puede hacer la familia ante los primeros cambios?
A menudo, es el entorno cercano quien primero nota que algo ha cambiado: repetir preguntas, olvidar conversaciones recientes, tener dificultades nuevas para organizarse o abandonar actividades habituales pueden ser algunas de las señales.
Ante estos cambios, los especialistas aconsejan observar su evolución sin alarmarse ni normalizarlos. Si se repiten o empiezan a interferir en el día a día, conviene hablarlo con naturalidad y consultar con un profesional.
Identificar estos cambios a tiempo no solo permite saber si es necesario realizar un seguimiento. También puede ser una oportunidad para empezar a cuidar la salud cerebral antes de que aparezca un deterioro significativo. “Todavía tendemos a preocuparnos por el cerebro cuando aparecen los primeros olvidos. Debemos cambiar esa mirada: la salud cerebral debería cuidarse mucho antes, igual que hacemos con la salud cardiovascular”, añade el Dr. Francisco Mira.
¿Y qué podemos hacer para cuidar la salud cerebral?
La salud cerebral se construye a lo largo de la vida y está estrechamente relacionada con el cuidado de la salud general. Entre las principales recomendaciones se encuentran:
Cuidar el cerebro también es actuar en las fases iniciales
La prevención de la salud cerebral no se limita a los hábitos de vida. La evaluación especializada permite conocer el estado cognitivo de cada persona y detectar cambios en fases iniciales, cuando todavía existe margen para intervenir y establecer estrategias de cuidado individualizadas. En este contexto, la neuromodulación no invasiva se está incorporando como una herramienta dentro del abordaje de la salud cerebral en determinados casos.
“La salud cerebral depende de muchos factores y merece una atención personalizada. Hoy podemos evaluar cómo está funcionando el cerebro y, cuando está indicado, incorporar distintas herramientas para cuidarlo y preservar sus funciones”, concluye el Dr. Francisco Mira.