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La sobrecarga de cuidados puede reducir el tiempo propio y el bienestar de quienes la asumen.
En España, muchas personas de mediana edad pueden encontrarse entre dos responsabilidades: apoyar a hijos que aún dependen de ellas y atender a padres mayores que necesitan cuidados. Carlos Velo, profesor de Psicología de la Universidad Europea de Valencia, explica que “este fenómeno, conocido como ‘Generación Sándwich’ no es nuevo, pero hoy dura más por la mayor longevidad, el retraso de la maternidad y la paternidad, la emancipación tardía y el aplazamiento de la jubilación”.
La presión no depende únicamente de las circunstancias personales. También influyen factores económicos y sociales como el aumento de tiempo de desplazamiento, la reducción progresiva del poder adquisitivo de gran parte de la población o el aumento en las últimas décadas de las ratios de productividad y demanda laboral. El experto de la Universidad Europea destaca que “estas circunstancias estrechan las ventanas de tiempo libre, el acceso a fuentes de asistencia y, por consecuencia, intensifica la sensación de fatiga y sobrecarga en quien tiene que, además de todo lo demás, encargarse del cuidado de su familia”.
El impacto de esta situación puede limitar la trayectoria profesional y, en algunos casos, llevar a dejar el empleo. Velo advierte de que “en el ámbito laboral pueden darse ausencias, la reducción de jornada, la renuncia a ascensos o traslados. Además de que el cansancio que repercute en el rendimiento”.
La falta de tiempo también puede generar tensiones en casa, especialmente cuando las tareas de cuidado no se reparten de forma equitativa entre los familiares. La carga de los cuidados recae especialmente sobre las mujeres, según los estudios del IMSERSO y del INE citados en el cuestionario, representan en torno al 70–80 % de los cuidadores informales principales de personas mayores con dependencia. Cuando las tareas se concentran en una persona, disponer de tiempo propio se vuelve más difícil y, como señala Velo, “predomina la culpa de sentir que nunca se llega a todo, junto con el duelo anticipado, los sentimientos ambivalentes de amor y resentimiento, el aislamiento social y la pérdida de identidad y de tiempo propio”. Para empezar a corregir ese desequilibrio, el profesor propone “hacer visible quién asume cada tarea: listar las tareas, las horas y quién las realiza, porque lo que no se ve no se reparte”.
El desgaste puede afectar también a la salud física. “Pasa lo mismo con la salud física, se han descrito una serie de efectos que van de la mano de la salud mental como peor salud auto percibida, alteraciones del sueño, mayor riesgo cardiovascular, respuesta inmunitaria más débil y menor autocuidado”, explica Velo.
Para aliviar la carga, el experto de la Universidad Europea de Valencia recomienda “recurrir a los recursos disponibles y aceptar apoyo concreto. Es útil informarse de los recursos disponibles (servicios sociales, valoración de dependencia, centros de día, teleasistencia, asociaciones de familiares), delegar o externalizar lo posible y aceptar ayuda concreta cuando se ofrezca”.
Además de buscar apoyos, el autocuidado también debe formar parte de la organización diaria. Velo recuerda que “es importante no descuidar el sueño, la actividad física y las propias citas médicas, además de reservar un momento para uno mismo, aunque sea breve”.