15 de octubre, 2026
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Los especialistas de Sanitas destacan que mantener un ritmo cómodo al caminar facilita la regularidad de los paseos y ayuda a reducir el sedentarismo, especialmente entre las personas mayores o quienes retoman la actividad física tras un periodo de inactividad.

Caminar es una de las formas más sencillas de incorporar actividad física a la vida cotidiana, aunque sus beneficios no dependen únicamente de la distancia recorrida, el número de pasos o la velocidad. Un ritmo tranquilo y adaptado a la condición física de cada persona también permite mantenerse en movimiento y convertir los paseos en un hábito.

Según los especialistas de Sanitas, la intensidad adecuada depende del estado de salud y de la capacidad física individual. Por ello, al retomar la actividad resulta más importante encontrar un ritmo asumible y mantenerlo en el tiempo que intentar alcanzar una velocidad determinada desde el principio.

«Uno de los errores más habituales consiste en valorar un paseo únicamente por la sensación de cansancio al terminar. Si caminar demasiado rápido obliga a detenerse a los pocos minutos o hace que la persona evite volver a salir al día siguiente, ese ritmo probablemente no sea el más adecuado para crear una rutina», explica Daniel Rivas, entrenador de Blua de Sanitas. El especialista recomienda comenzar con una intensidad que permita caminar con regularidad y aumentar el esfuerzo de forma progresiva.

Caminar a un ritmo cómodo para preservar la autonomía

Caminar despacio puede resultar especialmente útil para las personas que llevan tiempo sin hacer ejercicio, tienen una capacidad física reducida o necesitan recuperar progresivamente la movilidad. Además, permite prestar atención a aspectos como la postura y la pisada al volver a caminar después de un periodo de menor actividad.

En las personas mayores, mantener el movimiento cotidiano es especialmente relevante para preservar la funcionalidad y la autonomía. El objetivo no tiene por qué ser aumentar la velocidad, sino conservar la capacidad de desplazarse y desenvolverse en las actividades habituales con un esfuerzo adaptado a cada situación.

«Para las personas mayores, caminar unos minutos más o recuperar la seguridad para hacer un trayecto cotidiano puede tener más importancia que incrementar la velocidad», señala Miriam Piqueras, directora médica de Sanitas Mayores. La especialista destaca que volver a salir con regularidad, necesitar menos pausas o afrontar con mayor confianza actividades que se habían empezado a evitar son señales de progreso que repercuten en la autonomía.

Healthy Cities promueve los paseos y los entornos urbanos saludables

La relación entre actividad física, salud y entorno urbano también está presente en Healthy Cities, la iniciativa de sostenibilidad de Sanitas que propone caminar 6.000 pasos al día y promueve la creación de espacios urbanos más saludables.

En su última edición participaron 40.000 personas, la cifra más alta registrada hasta el momento, que alcanzaron conjuntamente 9.700 millones de pasos. Además, los participantes declararon haber dejado el coche en casa durante 10.992 ocasiones, según los datos facilitados por la compañía.

Cinco recomendaciones para incorporar los paseos a la rutina

Los especialistas de Sanitas proponen varias pautas para facilitar la práctica habitual de caminar:

  • Aprovechar los desplazamientos cotidianos. Ir andando a realizar gestiones cercanas o pasear después de comer permite incorporar movimiento sin necesidad de reservar siempre un momento específico para hacer ejercicio.

  • Priorizar la regularidad antes de aumentar la intensidad. Una vez consolidado el hábito, se puede ampliar progresivamente la duración del paseo o introducir tramos a mayor ritmo, siempre que la condición física lo permita.

  • Elegir un calzado adecuado y vigilar el estado de los pies. Utilizar zapatos que sujeten correctamente y no provoquen rozaduras ayuda a mantener una pisada estable. También conviene prestar atención a heridas, molestias o cambios al caminar, especialmente en personas mayores.

  • Escoger recorridos seguros y accesibles. El estado de las aceras, la iluminación y la disponibilidad de lugares para descansar influyen en la facilidad para mantener la actividad. Adaptar el itinerario a la movilidad y al estado físico de cada persona ayuda a evitar barreras.

  • Priorizar las zonas verdes cuando sea posible. Los parques, jardines y otros espacios con vegetación permiten combinar el movimiento con el contacto con la naturaleza. Estos entornos se relacionan con beneficios para la salud física y mental y pueden contribuir a reducir el estrés.

De este modo, mantener un ritmo cómodo, caminar con regularidad y adaptar los recorridos a las necesidades individuales son factores que pueden facilitar la continuidad de los paseos. Más allá de la velocidad, el objetivo es incorporar movimiento a la vida diaria y favorecer que las personas conserven su capacidad funcional y su independencia.

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