26 de octubre, 2020 Actualidad comentarios Bookmark and Share
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El I Congreso Virtual de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología, que contó con cerca de 900 asistentes, abordó la actualización de los tratamientos, el edadismo y los nuevos modelos asistenciales.

"Envejecimiento y nueva complejidad" fue el lema del I Congreso Virtual de la Sociedad Española de Geriatría y Gerontología que se celebró del 14 al 16 de octubre en formato digital por las condiciones impuestas por la pandemia de la COVID-19 y después de haberse anulado el 62º Congreso por las mismas razones.

Este congreso fue una gran oportunidad para todos los profesionales de la geriatría y la gerontología para reflexionar sobre todo lo aprendido en los últimos meses haciendo frente a la epidemia que ha planteado una nueva complejidad y nuevos retos.

Las conclusiones del encuentro, según el presidente de la SEGG, José Augusto García Navarro (en la foto), reflejan que “la geriatría es la medicina de la complejidad porque aborda un problema complejo que necesita soluciones rápidas”.

Este primer congreso virtual de la SEGG reunió a 49 expertos nacionales e internacionales y hasta 900 asistentes de 22 nacionalidades. “Ha habido ponentes de un altísimo nivel, pero hay que lamentar que todos no han podido estar y no podemos permitirnos no contar con todo el talento por lo que contaremos con ellos más adelante”, afirmó García Navarro en el cierre de este evento.

El presidente de la SEGG quiso enviar un recuerdo a los 2.616 socios de la SEGG, a los 380.000 ingresados en residencias y a los 800.000 mayores dependientes en sus domicilios. Es el momento, en su opinión, de un "cambio de modelo más personalizado, más próximo y especializado”, concluyó.

Modelos de residencias

Cómo abordar los tratamientos y el trato a las personas mayores en esta época de pandemia, que les afecta en grado muy importante, ha sido analizado por los geriatras y gerontólogos españoles en este congreso virtual, en el que se abordaron el aspecto clínico, asistencial, de derechos y ético a lo largo de las tres jornadas de duración.

Entre los temas tratados se encuentra el de las residencias que se vieron tan afectadas en la primera ola de la pandemia de COVID-19. Javier Martínez Peromingo, director de coordinación socio sanitaria de la Comunidad de Madrid, explicó las medidas que puede adoptar la administración para mantener el equilibrio entre la seguridad y el efecto que produce el aislamiento: mapas serológicos en los centros socio sanitarios; estructura de soporte a los centros con la creación de las Uars y la figura del geriatra referente; y diseño de un modelo de restricciones de movilidad y visitas. Esta estrategia se ha realizado en base a 425 centros socio sanitarios y se ha establecido una red de geriatras para atender las necesidades. Las decisiones sobre la asignación de recursos sanitarios deben tomar en consideración las preferencias del paciente y las decisiones sobre el acceso a cuidados intensivos o ventilación mecánica para los adultos debe ser individualizado.

Por su parte, María Isabel Galvá Borras, miembro del Servicio Andaluz de Salud de Andalucía, analizó los pros y los contras de las residencias medicalizadas. La residencia medicalizada cuenta con un equipo médico, una enfermería, acceso a fármacos, oxigenoterapia, tratamientos intravenosos y espacio y mobiliario adecuado. La mayor parte de las residencias medicalizadas son residencias públicas, que constituyen un 27% del total de residencias en España. En cuanto a las ventajas que podemos encontrar en este tipo de residencias, destacan la presencia de un equipo médico y de enfermería, permitir una continuidad asistencial, evitar hospitalizaciones innecesarias y clarificar los objetivos terapéuticos.

En cuanto a las desventajas, Galvá Borras destacó que la medicalización puede ser una barrera para el desarrollo de modelos de atención centrada en la persona y la poca participación de la familia y del residente en el plan de atención.

Joseba Zalakain, del SIIS Centro de Documentación y Estudios de Pamplona, propuso algunos cambios para la atención a la población mayor en el futuro. Habló de la conveniencia de ir a centros más pequeños, de que haya un centro intermedio entre la casa y la residencia y de que es necesario avanzar hacia un nuevo diseño arquitectónico de los centros geriátricos. "No es buena idea la medicalización de las residencias, pero sí urge un modelo claro entre las residencias y los centros de atención primaria", explicó.

Cardiología

En este área, Pablo Díez Villanueva, cardiólogo del hospital La Princesa, abordó la relación de la epidemia COVID-19 con los problemas de la enfermedad cardiovascular y tromboembólica en el paciente con infección por SARS-CoV-2. “El COVID-19 es factor de riesgo para aparición de fenómenos tromboembólicos que se pueden dar también cuando los hemos dado de alta. Este virus puede producir una disfunción de la coagulación importante”, afirmó.

Clara Bonanad, del Hospital Clínico de Valencia, analizó el efecto de la COVID-19 en el colectivo de las personas mayores, informando de que al principio de la pandemia, la letalidad era del 14% en personas de 70 a 79 años y del 20% en octogenarios. “En esta segunda ola, hemos observado que la letalidad en los pacientes mayores ha disminuido porque los jóvenes están siendo más afectados y la infección no es tan letal para ellos. De todos modos, los hospitalizados siguen siendo los más mayores, con un porcentaje alto de octogenarios”, afirmó Bonanad.

“La mortalidad aumenta exponencialmente con la edad llegando a multiplicarse por seis en pacientes mayores de 80 años. En España, los pacientes de más riesgo tienen una o más comorbilidad como es la enfermedad cardiovascular o la diabetes. La tasa de defunción está directamente relacionada con esa comorbilidad”, concluyó.

Por su parte, Mikel Izquierdo, de la Universidad Pública de Navarra, habló sobre inmovilismo y sarcopenia secundaria y afirmo: “La fragilidad se transforma en discapacidad por la hospitalización. Los períodos de hospitalización se asocian a riesgo de deterioro cognitivo y demencia; es prioritario reducir procesos de hospitalización”.

Síntomas de depresión y estrés

Pedro Abizanda Soler, del Complejo Hospitalario Universitario de Albacete, presentó estudios realizados en los últimos meses entre la población mayor de Albacete. “En un mes se contagian todas las residencias; se analiza la mortalidad de 1.084 residentes; vemos que el 90 por ciento de residentes fallecen al primer mes y a los tres meses, la mortalidad se multiplica por diez. Se registra un exceso de mortalidad del 564% el primer mes y del 315% a los tres meses. Una atrocidad. La comorbilidad, la edad, la situación funcional y comorbilidad inciden en el fallecimiento”, aseguró Abizanda, quien explicó que un tercio de los residentes no presentaron síntomas pero que a los tres meses de la pandemia, el 58,9% presentó síntomas de depresión, el 42%, de ansiedad y un tercio, síntomas de estrés postraumático. “Todos prácticamente presentan trastornos del sueño y un 43% de discapacidad”, concluyó.

Edadismo y efectos psicológicos

Carmen Barranco, del Instituto de Derechos Humanos ‘Bartolomé de las Casas’ Universidad Carlos III de Madrid, aludió a la definición de qué es una persona mayor. “Planteamos la edad cronológica como un tema biológico y homogéneo sin darnos cuenta que la pérdida de la capacidad física no tiene nada que ver con la edad cronológica”, dijo esta experta. “Definir qué es una persona mayor es algo contaminado por el edadismo el cual hace que el envejecimiento se considere como un problema relacionado con el incremento del gasto y hay que tener en cuenta que las políticas de envejecimiento son políticas de derechos humanos. La discriminación de Mayores es un problema de Derechos Humanos. El edadismo se ha revelado como una ideología legitimadora que se basa en la fragilidad para justificar tratamientos diferenciados”, afirmó Barranco.

La ponente Claire Surr, de Leeds Beckett University (Reino Unido), planteó que hay cinco necesidades para las personas mayores, desarrolladas por Kitwood (todas relacionadas de algún modo con el amor): el confort, tanto emocional como psicológico. En las personas con demencia es especialmente importante el contacto y cercanía de personas (coger la mano, un abrazo, etc.) y causa mucho estrés para ellos la imposibilidad de esa cercanía; el sentido de identidad (saber quién soy yo y quiénes son los otros) y los vínculos de apego, vitales para las personas con demencia, especialmente a los familiares más importantes de sus vidas. Son difícilmente cubiertos, debido a las restricciones de visitas y al aislamiento en las habitaciones.  También, las necesidades de inclusión (formar parte de un grupo) y de apego (el vínculo con otras personas y sentirse querido.) Éstas se ven muy afectadas, debido a que los residentes pueden sentirse excluidos al estar más aislados, por las medidas de distancia social. Finalmente, la necesidad de ocupación, de realizar tareas o actividades, muy afectadas por las medidas preventivas.

Por otro lado, Francisco Javier Mesa, del Centro Médico ABC, dio respuesta a los efectos psicológicos que tiene esta pandemia. Según este especialista mexicano, son muchos: “El porcentaje de mayores de 65 años preocupados y con estrés aumenta constantemente desde marzo, mayo y julio. Y seguirá, no hay datos finales. Más que distanciamiento físico, ahora nos topamos con el aislamiento social.  Este distanciamiento nos hace percatarnos de cómo nos vinculamos con los seres queridos, de que encontramos amigos en otros sitios del mundo, que trabajamos al mismo tiempo con personas de cualquier lugar del mundo; ahora tenemos un modelo novedoso de comunicación y relación. También, las generaciones se cruzan con la tecnología. Nos arrasó la tecnología y eso impactará a la salud mental”.

Marie Beaulieu, de University of Sherbrooke (Canadá), presentó una investigación realizada con la Red Internacional de prevención de maltrato y abusos de personas mayores (INPEA) en 16 países. En ese estudio se han encontrado varias preocupaciones en común: un gran edadismo; las limitaciones de contactos sociales que, posiblemente, hayan tenido más impacto entre las personas mayores que en grupos más jóvenes; la prohibición de recibir visitas de familiares fue muy difícil; la falta de información facilitada por los centros a las familias; el hecho de que no hubo distinciones entre zonas “COVID” y zonas “no COVID”; la falta de personal; y la falta de directrices sobre salud física y mental.

Nuevas normas de juego

José Augusto García Navarro, presidente de la SEGG, abogó por “movilizarnos de forma diferente y usar la tecnología de forma diferente. Tenemos que aprender las nuevas normas del juego virtual ahora que estamos obligados a aprender nuevos formatos y nuevas normas de juego”.

Residencias y bienestar de las personas

Por ultimo, queremos destacar la mesa “Residencias y bienestar de las personas. Aprendizajes y experiencias de éxito durante la COVID-19”, moderada por Feliciano Villar Posada (Universitat de Barcelona). En esta mesa participaron tres mujeres (en la foto).
 
En primer lugar, la Dra. Claire Surr, profesora en la Leeds Backett University (Reino Unido), ofreció una reflexión acerca de en qué sentido las medidas de aislamiento y restricción de relaciones implementadas en residencias han tenido consecuencias negativas para el estado físico, cognitivo y emocional, además de dañar necesidades y derechos básicos de las personas mayores. Ante esta situación, la Dra. Surr describió algunas soluciones imaginativas implementadas en diversos países para paliar esta situación, incluyendo las visitas a través de ventanas, las reuniones en jardines dejando distancia de seguridad o el contacto físico con trajes de seguridad de cuerpo entero. Estas soluciones pueden ser suficientes para algunas personas mayores, pero no para otras, en especial para aquellas que viven con demencia en estados avanzados.

En cualquier caso, la Dra. Surr señaló que cualquier medida debería tener en cuenta no solo la seguridad y la salud de los mayores, sino también aspectos como el bienestar, la calidad de vida, la libertad para tomar decisiones y el derecho a llevar una vida digna.

En segundo lugar, Salomé Martín, responsable de dos grupos de trabajo de la SEGG, uno centrado en la acreditación y otro en la ética y legislación, defendió la utilidad de los sistemas de acreditación de calidad, y describió el sistema que desde la SEGG se ofrece a las residencias y centros de día.

Repasó como ese sistema consensuado por expertos en geriatría y gerontología de la SEGG establece unos requisitos o estándares de calidad y gestión adecuados para ofrecer seguridad y garantía a las personas mayores y profesionales de los servicios. Desde hace un tiempo, este sistema se ha ido mejorando con diversos enfoques, como la atención centrada en la persona. Y ahora, también se ha adaptado a la situación generada por la pandemia, incorporando un  conjunto de indicadores que ayudan a las organizaciones a saber si están actuando correctamente en aspectos tanto de seguridad sanitaria, tanto de bienestar emocional o los  derechos, así como otras dimensiones de la calidad de vida de las personas mayores. Finalizó su ponencia remarcando algunos de los desafíos éticos que han aparecido en la toma de decisiones de los profesionales durante la pandemia y que sin duda deben ser reflexionados para no cometer de nuevo esos errores.

Por último, la Dra. Lourdes Bermejo, vicepresidenta de Gerontología de la SEGG, dio la ponencia “Escuchando y transfiriendo aprendizajes: Las voces de las personas mayores y experiencias positivas desarrolladas durante esta crisis en los centros residenciales”, en la que se refirió a “lo aprendido tras las dificultades vividas por la falta de coordinación entre administraciones, de apoyo efectivo en recursos materiales, asesoramiento, humanos o de derivación del sistema sanitario. La imposibilidad en muchos casos de hacer aislamientos efectivos o la aplicación de ciertas normas o procedimientos, en muchos casos inasumibles por los equipos y por las personas mayores a quien se debía proteger”.

“Ante estas dificilísimas situaciones, la calidad de las relaciones en el equipo, la calidad humana del personal y la calidad del liderazgo en las organizaciones han sido claves para encontrar soluciones creativas. Oportunidades para las buenas prácticas con el foco en la humanización, en reconocer el derecho a la comunicación, a la información, a la toma decisiones de las personas mayores, aunque fueran limitadas. Priorizar el contacto humano, acercar el exterior al interior de los centros (a los familiares, a los vecinos y a la  comunidad, etc.), ser honestos y transparentes en la información acerca de lo que estaba sucediendo, acompañar a las personas en el sufrimiento, en la enfermedad o en el morir”, aseguró la vicepresidenta de Gerontología de la SEGG.

“Las personas mayores tienen criterios, necesidades y prioridades que han de ser escuchadas, su estoicismo debe ser compensado con medidas más flexibles y adaptadas a su realidad. Por su parte, los profesionales del sector agradecen a la SEGG la información y los documentos técnicos de recomendaciones, pues han enseñado y orientado. También estar en los medios de comunicación y en las redes sociales, para visibilizar a las personas mayores, a sus cuidadores (familiares o profesionales) y apoyar para dignificar el ámbito del cuidado y de los apoyos a las personas en situación de dependencia. Nos queda mucho por sufrir y mejorar, y todos tenemos la certeza, de que tenemos que hacerlo apoyándonos mutuamente”, juntos, concluyó Bermejo.

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